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Aquel discurso del Rey

Hoy se cumplen cinco años de un discurso que fue trascendental para la Historia de España. “Estamos viviendo momentos muy graves para nuestra vida democrática”. Estas fueron las primeras palabras del mensaje del Rey del 3 de octubre de 2017 que contribuyó de manera decisiva al fracaso de la intentona separatista en Cataluña.


La intervención de Felipe VI recordando con serena determinación que las autoridades de Cataluña “de una manera reiterada, consciente y deliberada venían incumpliendo la Constitución y el Estatuto de Autonomía que era -y siguen siendo- la Ley que reconoce y ampara las instituciones históricas y el autogobierno”, fue un aldabonazo que llamaba a rescatar la cordura en aquella circunstancia dramática en la que los sediciosos habían convocado una huelga general política bajo el auspicio de unos gobernantes qué, como recordó el Rey, habían vulnerado de manera sistemática las normas legales demostrando una deslealtad inadmisible hacia los poderes del Estado.


El mensaje, que fue visto por más de doce millones de españoles, iba dirigido a toda la nación pero tenía un doble destinario más preciso: el gobierno de la “Generalitat” y también el Gobierno de España cuyos responsables -desbordados por los acontecimientos y aturdidos por la propaganda en el exterior que manejaban los separatistas- comparecían desconcertados ante la deriva violenta impuesta por los sediciosos dueños de la calle. El Rey encontró las palabras para llamar a las cosas por su nombre y el nombre de lo que estaba aconteciendo en Cataluña era “un intento de quebrar la unidad de España y la soberanía nacional que es el derecho de todos los españoles a decidir democráticamente su vida en común”.


El discurso de Felipe VI fue algo más que un aviso a navegantes. Al recordar el firme compromiso de la Corona con la unidad y permanencia de España traslado a los sediciosos la noticia anticipada de su fracaso.


El Estado estaba en su sitio y en condiciones de responder al desafío. Como así fue por encima del desconcierto inicial del Gobierno de entonces, las zancadillas de la política partidista y las baladronadas de los sediciosos. Hay días que valen por toda una vida y aquel fue uno de ellos en la vida de España. 

Aquel discurso del Rey

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