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El burka, la casa y el gobierno: Las tres prisiones de la mujer afgana

La mujer afgana no tiene derechos ni oportunidades, vive en una triple prisión: El burka, la casa y el gobierno. Las niñas y las mujeres en Afganistán son sometidas con dureza al régimen talibán, son ciudadanas de segunda, no pueden ser ellas mismas y no se les permite tener sueños.


"Afganistán es un infierno para las mujeres, es un centro penitenciario donde no existe la paz, donde somos tratadas peor que a los animales", ha explicado en una entrevista con EFE la refugiada Gita Saeed, activista para los derechos de las mujeres que tuvo que huir de su país para no ser asesinada o secuestrada por los talibanes.


"Las mujeres tienen que aceptar la violencia en sus propias casas y vivir como en un centro de detenidos. Solo ser amas de casas, sin otra opción; no se puede estudiar, trabajar o salir sola y, por supuesto, aceptar la violencia", ha lamentado.


Por eso insisten que hay tres prisiones, la casa donde están sus padres, sus hermanos o su marido, que no les dejan salir ni participar; la sociedad en si, y el burka, porque no se puede salir sin él, tienen que esconder tu cuerpo.


Pero esta situación se recrudece aún más cuando son viudas, "es como un infierno, no puedes salir porque no tienes un hombre que te acompañe, no tienes nada. No tienes futuro, no tienes esperanza. Solo esperar tu muerte".


EJERCER LA MEDICINA

Con lágrimas en los ojos recuerda la llamada que ha recibido de su madre horas antes de la entrevista. Su madre es médica, pero la obligan no solo a trabajar con el burka sino a taparse las manos, "se tienen que coser unas telas para que no se les vean".


Cuando habla con ella por teléfono su madre se pone a llorar de impotencia porque dice que así es muy difícil trabajar, con cara y manos tapadas. "Cómo vamos a curar a los enfermos en estas condiciones" se pregunta la madre. Pese a ello sigue trabajando para ayudar a los pacientes, que por supuesto solo pueden ser mujeres.


UNA NUEVA VIDA

Esta mujer que ahora vive en Torre del Mar, en Vélez-Málaga, lleva solo ocho meses en España con sus hijos de 17 y 14 años, tiempo en el que afirma que ha conocido el significado de la palabra paz. "Hasta que no llegué aquí no sabía lo que era", ha afirmado, al tiempo que ha agradecido el apoyo que está recibiendo de Málaga Acoge para salir adelante.


Es viuda, hace nueve años los talibanes mataron de un disparo a su marido, que colaboraba con la organización humanitaria no gubernamental francesa ACTED, por eso explica que su fuerza procede del dolor pasado y la mirada de su marido cuando le dijo que si le pasaba algo a él sabía que lucharía por sus hijos.

Cuando cierra los ojos recuerda la tristeza de las niñas en Afganistán, no pueden ir a las escuelas, no pueden estudiar: "Ellas no lo entienden. En mi país es pecado volar, las mujeres son ciudadanas de segunda, tratadas peor que los animales por unas personas que causan un daño terrible, los talibanes".


Ha asegurado que las mujeres no solo viven secuestradas sino también atemorizadas y, "si no cumples las reglas te matan, desapareces o te llevan a las prisiones".


SUEÑOS

El objetivo de vida de Gita Saeed es seguir luchando por las mujeres y pide apoyo, apoyo para todas esas personas que tienen que migrar, darles una oportunidad porque la mayoría de las que migraron tras la entrada de los talibanes en 2021 son mujeres con formación, capacitadas y luchadoras, por eso es tan importante la educación.


"La verdadera salvación pasa por la libertad de pensamiento. Por la educación", ha reiterado en numerosas ocasiones durante la entrevista.


Tiene un sueño, un sueño que hace pensar: "Mi sueño es muy simple, la libertad de las mujeres, que puedan trabajar, estudiar y ponerse la ropa que quieran, vivir como humanos". 

El burka, la casa y el gobierno: Las tres prisiones de la mujer afgana

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