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Lucha solidaria desde Galicia para "aliviar" el dolor de la guerra en Ucrania

Los activistas Masha Pavlenko y Óscar Madarro, junto a la Torre de Hércules, en A Coruña/EFE/Moncho Fuentes

En las últimas horas ha partido desde A Coruña un nuevo contingente de ayuda humanitaria, y son ya trece los camiones con destino a Ucrania que ha logrado fletar la asociación AGA-Ucraína, en la que la ucraniana residente en Galicia Masha Pavlenko y su pareja, Óscar Madarro, son parte muy activa, con otros miembros de este colectivo de voluntarios.


Tras el éxodo masivo de ucranianos fuera de sus fronteras y después de medio centenar de días de guerra, Masha asegura que las necesidades están cambiando ya que la población que ha sobrevivido a los ataques solicita “comida que no sea perecedera, mucha comida”, puntualiza a Efe.


Los esfuerzos se centran por tanto en tratar de enviar alimentos “a las ciudades que han quedado liberadas tras el asedio y en las que no hay ningún tipo de suministro”, y “se necesita mucha ayuda humanitaria en Bucha, Irpin, Borodyanka y Kyiv”, señala, entre otros lugares.


Una ayuda que también se hace imprescindible en Galicia porque “la ropa la necesitamos para las familias que están refugiadas aquí”, dice Masha Pavlenko, a la par que opina que es necesario “seguir recordando que la guerra sigue y que la ayuda continúa siendo necesaria”, observa preocupada por el hecho de que el paso del tiempo narcotice la implicación y la solidaridad que les ha ido llegando hasta el momento.


Otra mujer ucraniana, Natalia Kondrashkina, ha abierto un almacén en el que reúne ropa que distribuye únicamente entre refugiados que ya residen en A Coruña y que ahora precisan reconstruir sus vidas como pueden, cubriendo otras necesidades básicas y personales como la higiene, además de vestirse.


“En este almacén pueden coger todo lo que necesitan, además de ropa hay que pensar que solicitan productos de higiene, como la de los bebés que son productos muy caros, y se demandan también pañales, cunas, almohadas, mantas, carritos y ropa de bebé”, enumera Óscar Madarro.


Donaciones particulares

Desde que se montó la asociación AGA-Ucraína han enviado 13 camiones totalmente llenos, “es una barbaridad, porque cada camión lleva entre 90 y 110 metros cúbicos de mercancía, y todo procede de donaciones particulares de Galicia”, subraya Madarro, que explica cómo cuentan con diversos puntos de recogida y almacenes centrales en A Coruña, Ourense, Vigo y Santiago, -este último actualmente ya cerrado-; en donde cargan los camiones que envían directamente al país agredido por Rusia.


La ayuda que sale de Galicia entra directamente a Ucrania porque “los camiones vienen aquí a través de importadores gallegos y los chóferes, al ser ucranianos, tienen la obligación de regresar con ayuda humanitaria”, narra Óscar Madarro; es decir, “la ventaja es que no se quedan en la frontera de Polonia sino que entran en el país, y los dos últimos enviados han llegado con ayuda a Bucha e Irpin, dos de las ciudades más castigadas por los bombardeos, “dos localidades que han sido liberadas y que tienen una necesidad total porque lo poco que tenían lo saquearon los rusos al irse”, ha dicho.


AGA-Ucraína lleva un registro de los ucranianos que están evacuando a Galicia, y en este momento controlan unas 250 personas de 1.000 que ya residen provisionalmente en tierras gallegas, un trabajo que no finaliza con la llegada de autobuses sino con el seguimiento que se realiza sobre la ubicación de esas familias y las atenciones básicas que precisan.


En los autocares que salen de A Coruña viajan un mínimo de dos chóferes y personal preparado para facilitar el viaje a los refugiados y en algunos casos hablan ucraniano o ruso, y en otras ocasiones viajan policías y bomberos.


“Los buses se meten dentro de la frontera de Ucrania, a 50 kilómetros, en concreto a Truskavets, porque ya tenemos a las familias escogidas”, afirma Masha Pavlenko; es decir, “organizamos todo por adelantado y cuando vienen los refugiados ya tienen todo preparado”, gracias a la ONG KOLO que actúa en Ucrania como una corresponsalía para la asociación gallega.


Medio millar de voluntarios

En Truskavets, cuentan en AGA-Ucraína, han reconocido la labor de AGA-Ucraína de las últimas semanas como la mejor asociación de Europa que colabora con ellos porque “organizamos todos los envíos gracias a los 500 voluntarios que tenemos en Galicia y se lo enviamos en cajas que van bien seleccionadas, con material en buen estado y clasificado, y lo acompañamos de un listado que especifica qué contiene cada caja”, ha comentado Masha Pavlenko, además de recordar que los conductores de autobús van perfectamente identificados.


Óscar Madarro aclara que es preciso hacer un buen trabajo de empaquetado en origen porque “no todo lo que se dona está bien” y eso facilita el trabajo de las organizaciones que reciben la ayuda humanitaria y “si va todo preparado, como hacemos aquí, el trabajo es más fácil para ellos, ya que es un país que está en una situación dramática y en shock”.


En cuanto a las familias que están refugiadas en Galicia, desde AGA-Ucraína comentan que están “buscando voluntarios con conocimientos de ucraniano y español”, y afirman que cada familia que llega “tiene una historia diferente a la que hay que añadir sus problemas personales, sus traumas, su carácter, sus hábitos; y no es tan fácil cambiar de golpe toda esta situación”, reconoce Madarro.


Para acelerar su aclimatación “han empezado ya a dar clases de español que se han organizado en el colegio Liceo La Paz de A Coruña y los que están acudiendo están muy contentos con los profesores”, prosgue Madarro, que añade que “están trabajando con los trámites de los permisos de residencia y poco a poco se están asentando, muchos con ganas de ponerse a trabajar, por lo que también estamos viendo qué ofertas nos llegan desde las empresas gallegas”, algunas condicionadas a conocer el idioma español.


Ayuda económica

La ayuda económica que reciben “se transfiere directamente a las cuentas del Gobierno ucraniano”, desvela Masha Pavlenko, y además “colaboramos con una ONG para la que compramos los medicamentos y algunos bienes de equipo para hospitales para los que se solicita previamente una factura proforma y solo se les manda la cantidad exacta que viene en la factura, así que todo lo que sale queda controlado por nuestra parte”, matiza.


Para financiar los envíos reciben ayudas de la Fundación Abanca y otras empresas gallegas que sufragan los portes de las mercancía enviadas, además del edificio logístico, que aporta Afundación, y que usan de almacén para centralizar el trabajo. “Todo lo que recaudamos lo enviamos íntegramente, el 100%, a Ucrania porque nosotros estamos aguantando en España sin generar gastos administrativos, ya que todo el trabajo que desarrollamos aquí lo hacemos con voluntarios; así llevamos un mes, sin pasar gastos”, corrobora Masha Pavlenko.


En relación a las noticias sobre la barbarie de la guerra, al preguntar sobre cómo verifican la información, Masha Pavlenko comparte que reciben “mucha fotos ante las que no cabe ninguna duda, los que dicen lo contrario están buscando propaganda para difundir que el ejército ucraniano es nazi, pero cuando los soldados ucranianos recuperaron Bucha filmaron y difundieron lo que vieron, ¿por qué no lo difundieron los rusos si fueron los ucranianos?”, se pregunta Masha Pavlenko.


Madarro añade que “las imágenes vía satélite demuestran que los cuerpos de la matanza de Bucha ya estaban ahí muchos días antes de que entrasen los ucranianos, así que la investigación internacional que están haciendo tendrá pruebas para culpar al causante de este genocidio”, afirma convencido mientras recuerda que “detrás de los soldados van periodistas, que llevan su certificado, y están documentando los hechos y los criminólogos, que estudian los cuerpos, saben identificar cuándo murieron y cómo”.


Óscar Madarro pone el foco aparte en el hecho de que Anonymous trabaja en la red “desvelando los nombres, identificando los teléfonos móviles, de todos los soldados que estuvieron en Bucha y en las ciudades asediadas en las que se ha violado y asesinado a los ucranianos, así que serán llevados a La Haya”, afirma.


Masha Pavlenko advierte de que los soldados rusos saquean las casas y roban todo lo que pueden, coches, ropa de mujeres, productos de cosmética, incluso electrodomésticos”, y al preguntar por qué creen que están haciendo esto argumenta que “los soldados rusos se han sorprendido del nivel de vida que tienen y de los servicios que disfrutan los ucranianos como ocurre con el agua corriente, el gas para la calefacción, internet, o ver que las carreteras están perfectamente asfaltadas”.


Masha Pavlenko ejemplifica que “se llevan una lavadora como si fuese un trofeo de guerra, pero se creen que funcionan echándoles un cubo de agua, no saben que necesitan agua corriente, porque en sus casas no la tienen”.


Mientras Óscar Madarro piensa que “no existirá una solución diplomática si Putin está al frente del gobierno ruso porque su objetivo es reconstruir el imperio zarista y regresar al muro de Berlín”; Masha Pavlenko alberga una salida más esperanzadora pero para eso cree que su país tiene que “recuperar muchos territorios, aunque Crimea va a tener que quedar fuera de una posible negociación”, aduce.


Horrible

La ucraniana afincada en A Coruña sospechaba que el conflicto con Rusia se acrecentaría pero “no tan de golpe, porque personalmente pensé que empezarían por el Donbás, donde ya había una guerra, y que luego ocuparían más territorios desde allí. Pero nunca pensé que fuesen a atacar desde el mar o desde Bielorrusia y de esta forma tan horrible”.


Tras casi dos meses de guerra a la joven ucraniana le preocupa que la situación se reproduzca por toda Europa ya que las “sanciones que están poniendo la UE y EEUU son consideradas por los rusos como una amenaza, así que hay que vigilar cómo van a reaccionar y si consideran que tienen todo el derecho a defender a su país de cualquier forma”. 

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