• Martes, 23 de Octubre de 2018

Veinticinco años del día que situó a Ferrol en el mapa del transfugismo

Mañana se cumple un cuarto de siglo de la primera moción de censura que vivió el Ayuntamiento de Ferrol. El por entonces alcalde, Alfonso Couce Doce, se vio derrocado por el socialista Manuel Couce Pereiro. Una moción perpetrada por el grupo socialista y el comunista y que salió adelante con el apoyo de un edil del CDS, José Rodríguez Rey, y un “tránsfuga” del PP, Juan Santalla. Un cuarto de siglo después, la situación es bien distinta en la ciudad y ahora, también por primera vez en la historia, gobierna un partido, el PP, con mayoría absoluta.

Veinticinco años del día que situó a Ferrol en el mapa del transfugismo

El “descrédito de la imagen municipal, la ausencia de un programa de gestión, la falta de soluciones a los problemas vecinales y la inoperancia del grupo de gobierno” fueron los motivos que llevaron al PSOE e Izquierda Unida en 1989 a presentar una moción de censura para apartar de la Alcaldía a Alfonso Couce Doce y su equipo del Partido Popular. Mañana se cumplen 25 años de aquella jornada en la que vigilar el orden público en un ambiente muy crispado era una de las prioridades de un Ayuntamiento que estaba en boca de media España, no por la moción en sí –que a pesar de todo copó grandes espacios en los periódicos de tirada nacional–­  sino por las peculiaridades de su alcalde. Alfonso Couce XII, un médico alejado del prototipo de la época, próximo al pueblo, conocido y querido, se volcó en la política local, pero la ejerció de forma muy particular. Ofreció una finca a Bertín Osborne convencido de que así se atraería el turismo, llegó a pagar los fuegos de San Ramón de su bolsillo para que la ciudad no se quedara sin ellos por la penuria económica de las arcas municipales, anunció que recogería los entonces 1.500 millones que concedía la Xunta a Ferrol –y que parecía que solucionarían todos los males de la ciudad– con una carretilla y acudía a las reuniones en los ministerios con su inseparable navaja, que hacía saltar todas las alarmas. La oposición –y no solo los firmantes de la moción de censura– se cansó de estas “boutades” y de hecho las acusaciones de folclorismo en el sentido peyorativo de la palabra fueron continuas en el pleno donde resultó aprobada la moción de censura.
PSOE e Izquierda Unida llevaban tiempo fraguándola y buscando la colaboración del CDS –que salió de este proceso totalmente dividido– para sacarla adelante. Pero los intentos de un acuerdo a tres bandas no fructificaron –Nona Inés Vilariño acusó a los socialistas de negarse a negociar sin tomar como punto de partida que la Alcaldía sería para Manuel Couce Pereiro– y solo el voto del concejal popular Juan Santalla Hermida, al que se sumó también el de otro edil centrista, José Ramón Rodríguez Rey, consiguieron que prosperase.
Pero el 8 de septiembre de 1989 a las once de la mañana, cuando dio comienzo el pleno, nadie tenía muy claro lo que iba a pasar finalmente, como reconocen hoy sus protagonistas. El salón de sesiones estaba abarrotado, aunque algunos se quedaron apenas el tiempo justo para conocer cuál sería el desenlace. Es el caso del entonces presidente provincial del PP, José Manuel Romay Beccaría –para el que más tarde acuñaría Juan Fernández el atinado apodo de “dedo infalible de Betanzos”– que abandonó la sesión tan pronto como Santalla dio su voto favorable a la moción.
Los que no pudieron entrar en el palacio municipal se quedaron en la plaza de Armas, atentos al devenir de los acontecimientos.  A falta de pantallas gigantes se instalaron micrófonos, a través de los cuales los ferrolanos pudieron escuchar como su hasta entonces alcalde resucitaba a Romanones al referirse a sus compañeros de corporación con la famosa frase “¡Joder, qué tropa!”.
No fue la única memorable de aquel día. Al difícil trance que tuvo que afrontar Couce Doce –y que nunca llegó a asumir– se le unía que la víspera había enterrado a uno de sus mejores amigos, el periodista Ambar. “Por uno que me recomendó mi amigo Ambar hoy tengo que rendirle culto a la traición”, sentenció en alusión a Juan Santalla. Pero esta visceralidad no se quedó en palabras. En los meses siguientes insistió “teimudamente” en aplicar al edil este calificativo, del que ya no se desprendería en lo que restaba de mandato, y en mostrar a unos y otros un boceto del “monumento” con el que quería perpetuar la memoria de aquel día: un buitre cuyas garras agrietaban una urna. Incluso llegó a abrirse una cuenta corriente para recaudar fondos en la que se apresuraron a participar el propio Couce Doce, con mil pesetas de la época; el que era su secretario particular, Fernando Urbano, con otras mil, y el también concejal popular Rogelio Brage, con cinco mil.
Lo cierto es que aquel monumento nunca llegó a ser realidad, pero sí lo fue el acoso al que se sometió a Santalla. El mismo día de la moción tuvo que esperar durante horas para poder salir del Ayuntamiento, y cuando finalmente lo hizo, por la puerta de atrás, la policía no pudo impedir que un grupo de ciudadanos enfurecidos golpeasen el coche del concejal de Esquerda Unida José María López Cabado, que lo trasladaba, entre insultos de todo tipo.
El propio Mariano Rajoy, entonces secretario general del PP de Galicia, se lamentaba públicamente del “nulo respeto que el Partido Socialista profesa a la voluntad popular”. Enumeraba otros casos de mociones de censura con apoyo de tránsfugas, entre ellos la que arrebató la Xunta al PP, y aseguraba que “Galicia y España se encuentran cada vez más lejos de ser una democracia occidental en la que se respete la voluntad de los ciudadanos y en la que la honestidad y la transparencia sean normas de conducta en el ejercicio del poder público”. Y parece que persevera en la idea de que gobierne la lista más votada, ahora plasmada en su propuesta de reforma de la elección de los alcaldes.
Y si el hoy presidente del Gobierno ocupaba ya un destacado papel en la política gallega hace 25 años, el actual director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, formaba entonces parte del gobierno de Couce Doce como primer teniente de alcalde y hombre de su absoluta confianza; una situación que lo llevó a vivir momentos de gran tensión incluso en su propio grupo municipal. Entonces aseguraba que “tan pronto como Couce Doce ponga un pierna fuera del Ayuntamiento, la siguiente será la mía, ya que por donde salga Couce Doce saldrá Fernández de Mesa detrás, eso está claro”. Aunque al exalcalde la experiencia de la moción de censura lo apartó definitivamente de la política, Fernández de Mesa, sin embargo, hizo carrera en ella, lejos ya de su mentor.
Al término del pleno de la moción de censura, Fernández de Mesa era claro en sus reproches al PSOE, al que acusó de trasladar a los ferrolanos un discurso de “catastrofismo y demagogia”. El sector naval, ya en crisis con el desmantelamiento de Astano, también estaba en aquellos momentos en la mente del concejal. “A lo peor el PSOE también quiere alcalde socialista en Ferrol para desmantelar Bazán”, apuntó.
La moción de censura supuso un cambio de gobierno en Ferrol y la separación definitiva de Couce Doce de la vida política –ni siquiera volvió a poner un pie en el Ayuntamiento–, pero también, en un plano más personal, el distanciamiento familiar entre el viejo y el nuevo alcalde. Para cerrar su discurso, el regidor saliente recomendó a su primo, Manuel Couce Pereiro, que no mirase nunca al suelo. “Los Couce entramos siempre en los sitios por la puerta grande”, dijo. Y esas fueron las últimas palabras que le dirigió. n