Reportaje | Dos décadas del siniestro que rompió el cordón umbilical de Ferrol

Tal día como hoy los ferrolanos se despertaban con una noticia que muchos no pudieron tomarse en serio hasta verlo con sus propios ojos, el puente de As Pías se había partido a la mitad por el impacto de una plataforma de prospección petrolífera que pasaría a la historia, el Discoverer Enterprise.

Reportaje | Dos décadas del siniestro que rompió el cordón umbilical de Ferrol

Tal día como hoy los ferrolanos se despertaban con una noticia que muchos no pudieron tomarse en serio hasta verlo con sus propios ojos, el puente de As Pías se había partido a la mitad por el impacto de una plataforma de prospección petrolífera que pasaría a la historia, el Discoverer Enterprise.
Los fuertes vientos de la noche, con ráfagas que superaron los 120 kilómetros por hora y que, al parecer, no se esperaban, pudieron con las estachas que en la factoría Astano sujetaban al gigante de metal.
La suerte quiso que el accidente que dio la vuelta al mundo no ocasionase muertes ni daños personales cuando el puente era utilizado a diario por miles de conductores como medio de comunicación con Ferrol. Sin embargo, las consecuencias materiales sí fueron palpables no solo en ese momento sino que tuvieron repercusiones en algunos casos de días –cortes en la telefonía y en el suministro de agua en los municipios de Ares, Mugardos y Fene–, meses –la única forma de llegar a la ciudad naval era haciendo el recorrido por la carretera de Castilla y el puente de Xuvia, que no estaba acostumbrado a tal flujo de vehículos–, e incluso años –el banco marisquero de As Pías se deterioró y todavía permanecen bajo el mar restos del puente–.
El siniestro, que puso a Ferrol en el mapa y recibió esos días las visitas de altos cargos políticos de las distintas Administraciones, dejó a una de las siete ciudades de Galicia incomunicada, por lo que la construcción de un nuevo puente fue la prioridad. En solo tres meses, As Pías estaba reconstruido, aunque no fueron pocos los que le auguraron un escaso futuro. Hoy sigue en pie con cuatro carriles frente a los dos que tenía antes de la catástrofe y Ferrol no cuenta ya con un único punto de unión con los municipios de la ría, ya que la autopista se hizo realidad con la apertura del último tramo en el año 2003 y la gratuidad del tramo Fene-Ferrol como “contraprestación”.

Juan Blanco, “una noche negra”
El alcalde de Ferrol en el año 98, el popular Juan Blanco, recuerda el accidente del Enterprise como “una noche negra” en la que en torno a la una y media de la mañana, enfermo de gripe, recibió la llamada de un policía local diciéndole que en As Pías “un barco había abierto una grieta”. Se preparó para personarse en el lugar de los hechos y su sorpresa fue cuando lo único que veía era “negrura por todas partes” y la grieta que esperaba encontrar se transformó “en un puente totalmente destruido”. Al pie del barco, dice el exalcalde, no se veía más que una cosa oscura de gran tamaño, el barco “y lo demás era un infierno”.
Blanco Rouco recuerda el aislamiento que sufrió Ferrol pero apuntó que hubo “muchas cuestiones políticas, por dar caña”, ya que valora el trabajo que se hizo desde la administración autonómica y central con Ferrol.
El exregidor destacó el “tiempo rapidísimo en el que se solucionó el problema” y destacó que las instancias políticas e institucionales “fueron un ejemplo y quizás no tanto los ferrolanos, que a todo le pusieron peros”.
Hoy Ferrol, sentenció Blanco, “es una de las ciudades mejor comunicadas, con tres vías de comunicación de entrada, el puente de As Pías, carretera de Castilla y autopista”.
Arnoso, “seguimos abandonados”
Al otro lado del puente, el alcalde de Fene de la época, el nacionalista Xosé María Rivera Arnoso, estaba en casa cuando fue avisado por el concejal ya fallecido Pancho Allegue. “Pensei que non era verdade, porque me parecía incrible”. La Policía Local fue a recogerlo y se personó en As Pías para seguir el proceso.
El regidor recordó la labor de Policía, Protección Civil y los momentos difíciles que se vivieron durante días y meses, con problemas de agua y telefonía en Fene y, por supuesto, la incomunicación.

De hecho, Rivera Arnoso recuerda que .este momento, junto a la reconversión naval fue el más importante de los muchos años que ocupó la Alcaldía.
El exalcalde recordó que el primer organismo que se ofreció para ayudar fue la Diputación y el entonces presidente Augusto César Lendoiro. Para la Xunta, no tiene tantos elogios y asegura que “funcionó bastante peor”.
La tensión diaria, los grandes problemas de circulación, los problemas en la ría todavía permanece latente en el recuerdo del exalcalde, que apunta, además, que “desgraciadamente non se aproveitou para facer unha ponte moito máis consonante cos tempos modernos, foi negativa para a ría que se convertiu nun fondo de saco “.
Aunque la situación en estos veinte años ha cambiado bastante, Xosé María Rivera Arnoso señala que “algo mellorou neste tempo pero, de tódolos xeitos, a comarca segue sen atención en infraestruturas, sen aportes económicos dos gobernos e sumida nun abandono total”.