• Miércoles, 24 de Octubre de 2018

Navantia apuesta por Canadá bajo la sombra de un posible Brexit duro

Tras más de un año de planificación, el binomio empresarial de Navantia y Saab Australia presentó su oferta final al gobierno canadiense para la construcción de 15 fragatas para la marina del gigante norteamericano.

Navantia apuesta por Canadá bajo la sombra de un posible Brexit duro

Tras más de un año de planificación, el binomio empresarial de Navantia y Saab Australia presentó su oferta final al gobierno canadiense para la construcción de 15 fragatas para la marina del gigante norteamericano. Han sido tres las corporaciones que han alcanzado este punto tras dos años de pugna: la compañía pública nacional y su aliada oceánica, el trío compuesto por Alion, Damen y Atlas y, por supuesto, la británica BAE Systems en colaboración con Lockheed Martin Canadá.
El proyecto presentado por Navantia está basado en las naves de la calse F-105 utilizadas por la Armada Española, además de Noruega y Australia. El contrato, no obstante, estaría realizado por el astillero local Irving Shipbuilding –con base en Halifax (Nueva Escocia)–, por lo que, al igual que el proyecto de las F-110 australianas, se trataría mayormente de una labor de diseño.
El problema, sin embargo, viene por las grandes influencias actuales en la esfera sociopolítica internacional. Al igual que el contrato oceánico, este beneficioso trabajo podría verse truncado por factores que nada tienen que ver con las especificaciones de los buques o las diferentes cuantías económicas.

Tensión en la Commonwealth
La situación actual dentro de la gran alianza de naciones anglosajonas bajo el manto británico no es ningún secreto. La creciente certeza de un Brexit duro por parte de Inglaterra, el progresivo distanciamiento de Nueva Zelanda del grupo y las renovadas tensiones entre Canadá y Arabia Saudita a causa de las continuas violaciones de derechos humanos por esta última, han generado un gran clima de tensión que bien podría afectar a los contratos. A esto habría que sumar el constante pulso entre el Gobierno estadounidense con los Ejecutivos europeos en cuestión de tasas y con su vecino del norte por sus generosas políticas migratorias.
Este caldo de cultivo geopolítico podría desencadenar ciertas reacciones ante las que Navantia poco podría hacer. En el peor de los casos puede repetirse el escenario australiano, con una adjudicación a BAE Systems como favor político hacia Inglaterra, permitiendo a la primera ministra Theresa May mantener el argumento de que el Brexit será económicamente beneficioso para su país. No obstante, las estrechas relaciones de Londres con Riad podrían ejercer una gran influencia en la decisión. Pese a los esfuerzos de Mohámed bin Salmán –hijo del actual rey de Arabia Saudí y ministro de Defensa–, de acercar el país musulmán al mundo occidental, los últimos movimientos de este –como la venta de todos sus activos canadienses, la publicación de un amenazante tuit o la expulsión del embajador en el reino–, podrían actuar en detrimento de BAE Systems.

Apuesta europea
El otro posible escenario, más beneficioso para Navantia, partiría de la intención de Canadá de estrechar lazos con la Unión Europea tras los últimos encontronazos entre Justin Trudeau y Donald Trump. El presidente estadounidente ha criticado duramente a Europa por su baja inversión económica en materia de defensa, llegando a calificar al primer ministro vecino –mucho más afín al viejo continente– de débil y falso. Estas posiciones antagónicas podrían desencadenar una apuesta puramente europeísta, lo que concretizaría la carera entre el trío formado por Alion, Damen y Atlas y la alianza de Navantia y Saab Australia.
La situación es única para ambas partes. La primera cuenta con la ventaja de que una de las tres compañías, Alion Canadá, es local –pese a que la matriz es estadounidense–, y las otras dos son holandesa y griega respectivamente. La segunda, Navantia y Saab, gozan del privilegio de aunar dos compañías de raíces europeas –Suecia y España– con importantes bases oceánicas, lo cual permitiría apoyar a dos de sus mayores aliados.

Una decisión técnica
El último escenario posible sería el de una adjudicación basada únicamente en criterios tecnológicos. A pesar de la gran tensión entre las principales potencias, lo cierto es que el Gobierno canadiese lleva preparando este contrato durante mucho tiempo.
De acuerdo con el diario Chronicle Herald, el ejecutivo americano está utilizando un nuevo sistema mediante el cual la lista de candidatos se ha ido reduciendo, dando tiempo a los restantes a perfilar sus propuestas.
Teniendo en cuenta que Canadá no se caracteriza por tomar esta clase de decisiones a la ligera, no sería de extrañar que Justin Trudeau se inclinase por la mejor oferta. Al fin y al cabo tiene en la actualidad muchos otros frentes que atender. l