Miércoles 12.12.2018

Manuel Fernández Varela, un clérigo ilustrado

Dentro de la variable colaboración del estamento eclesiástico con la Ilustración, hubo conocidos ilustrados pertenecientes a la Iglesia Gallega:

Retrato de Fernández Varela. Hospital de Caridad de Ferrol
Retrato de Fernández Varela. Hospital de Caridad de Ferrol

Dentro de la variable colaboración del estamento eclesiástico con la Ilustración, hubo conocidos ilustrados pertenecientes a la Iglesia Gallega: los padres benedictinos Feijóo y Sarmiento; el canónigo Pedro Antonio Sánchez; Diego Cernadas, el Cura de Fruime, poeta y literato; Juan Sobreira, estudioso y lexicógrafo; y el clérigo ferrolano Manuel Fernández Varela, generoso mecenas y elocuente orador.
Manuel Antonio Fernández Varela nació en Ferrol el 21 de septiembre de 1772, hijo de Andrés Fernández, Oficial de Mar de la Armada, y Agustina Varela. Pasó su mocedad en A Pobra do Caramiñal, lugar de origen familiar. Estudió Filosofía en el convento franciscano de Pobra do Deán y la carrera de Teología en el Colegio Mayor de Fonseca en Santiago, presentando su tesis doctoral el año 1796.
Nombrado Rector del citado Colegio, en Pascua de 1798 pronunció la oración fúnebre en memoria de Alonso de Fonseca, arzobispo de Santiago. El año 1803 fue nombrado párroco de Santa María de Sada, el año 1807 Prior de San Martiño de Acoba y el año 1815 Deán de la Catedral de Lugo.

Auditor del Tribunal de la Rota
En marzo de 1824 fue nombrado Comisario General de la Santa Cruzada, al tiempo que Diácono de la Diócesis de Madrid. Fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago; auditor del Tribunal de la Rota; teólogo del Tribunal de la Nunciatura; miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Ciencias Eclesiásticas de San Isidoro; consiliario de la Real Academia de San Fernando; y Consejero de Estado de la reina Isabel II.
Destacó por su elocuencia en los numerosas oraciones y discursos fúnebres que pronunció, en especial la Oración eucarística predicada en la Catedral de Lugo el año 1814, con motivo del restablecimiento del rey Fernando VI, y el discurso del acto de bendición de las banderas regaladas al Ejército por la reina María Cristina el año 1832
De especial interés para Ferrol fueron la Oración eucarística predicada en San Julián el año 1807, recordando a los defensores de Ferrol en la Batalla de Brión de agosto de 1800, y la Oración fúnebre pronunciada el año 1805 en las exequias de los marinos muertos en el combate de Trafalgar. Para el último acto, se instaló en la iglesia de San Julián un cenotafio funerario adornado de figuras alegóricas y lápidas con los nombres de los fallecidos. Una urna de mármol negro se coronaba de un esqueleto con guadaña, representando la muerte. Cuatro grandes banderas navales formaban un dosel cubriendo el monumento. El 23 de diciembre se celebraron las solemnes exequias, finalizadas con la oración fúnebre pronunciada por Fernández Varela.
Fernández Varela era muy conocido en Madrid como filántropo y mecenas. Los salones de su palacio madrileño, cerca de la Plaza Mayor, fueron centro de reunión de una conocida tertulia, a la que acudían Mariano de Larra, que le dedicó un poema, Pastor Díaz, Mesonero Romanos, Espronceda y Fernando Corradi, su secretario particular. La buena mesa de Fernández Varela tenía fama entre los gastrónomos, entre ellos el compositor Rossini, que compuso una hermosa versión del Stabat Mater por encargo personal.
Fernández Varela prestó su ayuda a muchos gallegos que llegaban a Madrid. Fue un generoso mecenas; costeó la estatua de Cervantes en la madrileña plaza de las Cortes y el sepulcro del obispo Quevedo en la Catedral de Ourense.
Fue un gran benefactor del Colegio santiagués de Fonseca, donde había estudiado. En Ferrol regaló un órgano para la iglesia de San Julián y los asientos de cedro del coro de la iglesia de San Francisco. Como curiosidad, se le atribuye la costumbre de tomar arroz con leche para celebrar la festividad de San Julián, patrón de Ferrol,

Hospital de Caridad
En mayo de 1831, Fernández Varela fue nombrado Hermano Mayor Perpetuo y Protector del Santo Hospital de Caridad de Ferrol, siendo Hermano Mayor el coronel de Infantería Ángel Buceta-Figueroa. Su nombramiento se debió a las generosas donaciones hechas al Hospital, dejándole a su fallecimiento el año 1834 un tercio de sus bienes, unos 36.000 reales. El año 1833, Fernández Varela donó una urna con la imagen y reliquias de San Justo Mártir. La urna desembarcó en el puerto de Curuxeiras, estuvo expuesta en la iglesia del Socorro y se trasladó en solemne procesión a la capilla del Hospital de Caridad el 9 de mayo de ese año.

Bellas Artes de San Fernando
Hombre ilustrado, amante de las artes y las letras, fue un entendido coleccionista de pintura, legando más de cincuenta obras a la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Entre estas obras estaba su retrato, pintado el año 1829 por el afamado pintor de Cámara, Vicente López, del que fue protector. Copias de esta obra se conservan en el Museo de Pontevedra, Colegio de Fonseca y Hospital de Caridad de Ferrol. Se trata de expresivos retratos de Fernández Varela, de sobria traza académica, mostrando una elegante vestimenta y un talante señorial, ostentando la Cruz de la Orden de Carlos III.
El año 1834 una epidemia de cólera morbo asoló Madrid. Fernández Varela dedicó sus esfuerzos y su fortuna personal en ayuda de los afectados, muriendo, en plena fatiga producida por su trabajo, el 28 de septiembre de ese año, siendo enterrado en el cementerio madrileño de San Isidro.
Su rápido fallecimiento, que pasó casi inadvertido para el Concello de Ferrol y la Academia de San Fernando, fue recordado por el Hospital de Caridad de Ferrol con unas solemnes exequias el 10 de octubre de 1834.
Al igual que ocurre con otros conocidos ilustrados ferrolanos como Juan José Caamaño y Pardo o José Lucas Labrada, tampoco Manuel Fernández Varela tiene un recuerdo permanente en su ciudad natal, mientras los regidores de Ferrol siguen nombrando las calles y colocando placas relativas a personajes que apenas han tenido una relación epidérmica con la urbe.
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