Martes 18.12.2018

José López Calo: todo un referente en la musicología internacional

Hablar de José López Calo es hablar de un referente de la musicología internacional. A él se le debe la recuperación de infinitud de partituras dormidas en los archivos de nuestros templos.
 

El profesor López Calo, en una reciente imagen junto a la autora de la entrevista.  julia m. dopico vale
El profesor López Calo, en una reciente imagen junto a la autora de la entrevista. julia m. dopico vale

Hablar de José López Calo es hablar de un referente de la musicología internacional. A él se le debe la recuperación de infinitud de partituras dormidas en los archivos de nuestros templos. Música desconocida que el devenir del tiempo iba dejando olvidada y que él iba “no sólo encontrando, sino descubriendo, pues ni se sospechaba que existiese”. Nacido en el Pazo de Nebra (Porto do Son), sus inquietudes intelectuales le llevan a experimentar una intensa biografía marcada por dos vocaciones armonizadas: la religiosa y la musical, obteniendo con sus trabajos importantes galardones y reconocimientos: Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, Premio das Letras e Artes de Galicia…, publicaciones: El archivo de Música de la Catedral de Santiago de Compostela, Presente y Futuro de la Música Sagrada, O feito diferencial galego na música, Idade Media e Renacemento… y sobretodo el goce de leer, copiar, transcribir… durante largos y provechosos años.
Profesor de Musicología y vicedirector del Instituto Pontificio de Música Sagrada en Roma, asesor musical de la Radio Vaticana, miembro y fundador de Academias y Sociedades Internacionales de Musicología… Nadie mejor que él para impartir la Cátedra de Musicología en los Cursos Internacionales Universitarios de “Música en Compostela” de los que se acaba de celebrar la 58º edición y a los que el Padre Calo está vinculado desde un lejano 1957. En la tarde compostelana disfrutamos de sus “Recuerdos Personales” revividos a través de la palabra y de una publicación: 58 años de Música en Compostela.

¿Cómo se despierta el interés musical en usted?
Siguiendo un instinto natural. Cada uno de nosotros nace con unas disposiciones, positivas o negativas y yo nací con esta inclinación. Un instinto por aprender y leer y luego la inclinación por la música. De hecho el primer recuerdo que tengo de la vida es musical: Mi madre sentada en el alféizar de la ventana abierta –era verano-, la luna rielando en la ría y ella cantando. 

Estudia en el Seminario de Santiago...
En el seminario teníamos clase de solfeo dos o tres veces a la semana. Leíamos melodías a primera vista. También teníamos un magnífico coro para la polifonía, canto gregoriano… Allí aprendí muchas cosas, me aproxime a los autores clásicos. Uno de los grandes placeres estéticos que Dios me concedió vivir fue conocer la tragedia griega, la bellísima poesía… 
Eso me apasionó más incluso que la música. La carrera eclesiástica la hice como jesuita. Me ordené en el año 55. La formación eclesiástica es mucho más profunda y extensa de lo que la gente piensa: filosofía, teología… En los tres años que los jesuitas interrumpimos nuestra formación de estudios para hacer vida ya activa fui destinado a Japón, después de la II Gran Guerra.

¿Cómo misionero?
Sí. Como misionero y como profesor de música. Era la ocupación americana total. El general MacArthur era el “rey”. Teníamos la escuela en una base naval cedida por los americanos, era en donde se fabricaron los “torpedos humanos”. Yo viví allí. Teníamos acceso a los túneles excavados en los que tenían el arsenal los japoneses…  Regresé para hacer teología en Granada.

¿Comienzan sus investigaciones?
“Investigación” es una palabra que yo no quiero utilizar. Yo estudiaba, leía, copiaba, transcribía… y gozaba. En Granada hay una música muy hermosa del S. XVI, la del XVII la descubrí en Santiago. 
También estuvo en Roma.
Estuve un año formándome en Irlanda, en Dublín y luego en Roma, durante trece años. Estudié con muchos maestros y fui discípulo predilecto de  Higinio Anglés, que luego me hizo su ayudante, posteriormente vicerrector del instituto... Tuve el triste privilegio de cerrar sus ojos. Él me pidió que custodiase bien su archivo personal para que no se perdiese. La mejor forma de hacerlo la encontré trayéndolo aquí, conmigo a Santiago. Está todo perfectamente guardado y clasificado.

Pero siempre guardó su vinculación con Santiago y especialmente con “Música en Compostela”.
Siempre.  Este es un capítulo muy distinto. Yo venía a “Música en Compostela” que antes duraba tres semanas, después dos, pero claro,  el año tenía muchas más semanas!  Yo viajaba constantemente. Fui miembro activo de asociaciones internacionales de Musicología, asistía a congresos en Alemania, Estados Unidos, Noruega… También Australia.

En 1973 se asienta en Santiago y es profesor en la Universidad.
Hacia los años setenta España evolucionó considerablemente en lo relativo a la cultura, la sociedad, el nivel de vida… Por aquel entonces existía – ya desde antes– una Sociedad Filarmónica Compostelana, cuyo presidente era el Rector de la Universidad. Por una serie de circunstancias la entidad fue decayendo y… Había que recuperarla! Alguien les habló de mí. Recuerdo muy bien la entrevista. Al principio dije que no quería –estaba “embarcado” con mis estudios musicales de las catedrales–, pero insistieron mucho y acepté.  Aquella Sociedad no tenía sentido en el mundo en que se vivía y propuse al rector cambiar su orientación. “Vamos a hacer conciertos organizados por y para la universidad”. Surgieron los “jueves musicales”.  Algo nuevo. Estuve diecisiete años seguidos trabajando yo solo. Aquí vino la Orquesta Sinfónica de Moscú, la de Colonia, grandes solistas… Todo por lo alto!. Luego llegó la Cátedra de Música en la Facultad de Historia.

Recupera también los instrumentos del Pórtico de La Gloria.
Eso vino después, mucho después. En la primavera de los ochenta me llamó un compañero y amigo de la música. Quería organizar un simposio  para estudiar los orígenes de la polifonía. Fuimos trece especialistas de todo el mundo para tratar el tema. Yo aporté mis conocimientos sobre el Códice Calixtino. Aquello causó mucho impacto. Me acompañaba mi hermana Mª Teresa que me sugirió hacer un libro sobre este Códice. Cuando vino a la inauguración del curso el Presidente de la Fundación Barrié, le abordé: “Estoy redactando un libro sobre la música medieval en Galicia”. “Se lo publico yo”, me contestó. Un libro espléndido, magnífico, en el que aparecen todos los Pórticos en que había instrumentos – desde Jaca, pasando por Soria, Burgos, Carrión de los Condes…-, haciendo un estudio conjunto. Posteriormente surgió la idea de reconstruir los instrumentos del Pórtico de la Gloria. De nuevo se brindó la Fundación Barrié, con grandísima generosidad. Hicimos un proyecto muy bonito, algo más complejo de lo que parece. Vinieron los mejores especialistas del mundo. Buscamos la madera, montamos un taller de carpinteros… Mucho trabajo, pero… Para algo estamos en la vida!

Y... ¿cómo valoraría su experiencia en “Música en Compostela”?
D. Antonio Iglesias se interesó en traerme. Estoy contentísimo y muy agradecido. “Música en Compostela” significa una renovación, un rejuvenecimiento. Grandes profesores de universidades han pasado por aquí. Tengo alumnos que darán mucho que hablar. Hombres y mujeres de mucha personalidad que  desarrollan a su manera a través de estudios, publicaciones… Importa poco trabajar en un instrumento o en otro. Lo que importa es la música, eso es lo que importa!

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