viernes 19.07.2019

Joaquín Jofre Maristany y Juan Sixto Vázquez

La familia Jofre
La familia Jofre

No se puede escribir la historia más reciente de Galicia, incluyendo la comarca de Ferrol, sin tener en cuenta la emigración de sus naturales y sus consecuencias, tanto económicas como sociales. Desde mediados del siglo XIX, en que se hizo notorio el crecimiento del fenómeno migratorio, fueron muchas las causas de la emigración gallega, en sus principios especialmente hacia Argentina y Cuba, pero también a otros países del continente americano.

Muchos de estos emigrantes, o sus descendientes, que tuvieron éxito económico en su aventura americana, pudieron regresar a sus lugares de origen. Conocidos con el nombre de indianos, en numerosas ocasiones se convirtieron en caciques locales y otras veces subvencionaron la construcción de escuelas, iglesias o edificios de uso social para sus paisanos, además de levantar sus propias viviendas, normalmente construidas en un estilo colonial o ecléctico, muy vistosas y llamativas, que fueron conocidas como casas de indianos.  

Un ejemplo de emigrante a Argentina, Joaquín Jofre Maristany nació en Ferrol el año 1856, viajando a Buenos Aires con 17 años, dotado de la preceptiva licencia paterna, el año 1873. Su continuado trabajo en la capital argentina le valió convertirse en presidente del Banco Popular Español de Buenos Aires. Precisamente gracias a la generosa ayuda del emigrante enriquecido, Joaquín Jofre, se debe haber podido terminar en Ferrol la construcción del teatro que llevaría posteriormente su nombre.  
El año 1862 se había creado en Ferrol una comisión presidida por Justo Gayoso, de la que formaba parte la Alcaldía y el Hospital de Caridad, para construir un teatro en una zona céntrica y cercana al barrio de la Magdalena. Para ello la Marina cedió el terreno conocido como la Huerta del Comandante, situado frente a la Puerta del Dique. El 1 de enero del año 1872 se colocó la primera piedra del edificio del teatro, que empezó a construirse con planos de Marcelino Sors.

La obra del teatro prosiguió a ritmo lento durante los años siguientes, paralizándose en varias ocasiones por falta de fondos, llegando su impulso definitivo en julio del año 1889, fecha en que se consiguió el apoyo económico de Joaquín Jofre Maristany. El industrial ferrolano, que había retornado temporalmente a Ferrol en esta fecha, suscribió cien acciones de 500 pesetas, convirtiéndose en socio mayoritario, y realizó un préstamo de 125.000 pesetas sin intereses para rematar el proyecto, todo ello a cambio de un palco vitalicio para su familia y la concesión de su nombre al nuevo teatro.

De esta forma se pudieron continuar las obras del teatro Jofre dirigidas por el arquitecto municipal Manuel Riva y de Soto, que construyó igualmente la vivienda situada en la parte posterior del teatro, en terrenos cedidos por la familia Jofre, y el llamativo edificio de fachada ecléctica situado en la esquina de la calle San Diego, frente a Capitanía General.

Mientras se incorporaba al teatro el equipamiento escénico, los telones y bambalinas, y el hermoso fresco del techo, obra de los artistas italianos Giorgio Busato y Ricardo Fontana, tras solventarse nuevas dificultades, a principios del año 1892 quedó terminada la obra, que fue inaugurada el 19 de mayo de ese año, con una representación de El alcalde de Zalamea por parte de la compañía de Antonio Vico. Hoy el Teatro Jofre, con su nueva fachada modernista diseñada el año 1921 por Rodolfo Ucha, constituye una referencia cultural de la ciudad.

Otro ejemplo de emigrante de Ferrolterra fue Juan Sixto Vázquez, natural de O Seixo, nuevo prototipo de indiano triunfador que desarrolló su vida en La Habana, donde se convirtió en un adinerado comerciante. Dedicado a su llegada a la capital cubana a la comercialización y venta de pescado fresco, terminó siendo el constructor y propietario de los Grandes Almacenes de la Habana Fin de Siglo. Con motivo de su vuelta a Galicia, el año 1923 encargó al arquitecto Rodolfo Ucha la construcción de un chalet en el barrio ferrolano de Canido, una vivienda que no llegaría a habitar de forma permanente.

El llamado Chalet de Sixto es una llamativa obra que mezcla el gusto habanero de la época con el modernismo cosmopolita de moda, encuadrándose dentro de la consideración genérica de una característica Casa de Indianos. Se alza en un céntrico y visible emplazamiento de la calle Alegre, en pleno barrio de Canido, tratándose de un amplio edificio de planta cuadrada y tres alturas, dotado de elegantes galerías exteriores de amplios acristalamientos, apoyadas sobre ménsulas de granito, que dan al edificio una nota de horizontalidad que equilibra el impulso vertical suministrado por la torre.
El elemento más llamativo de la construcción es la torre-mirador esquinal, dotada de unas adornadas ventanas y unos remates de pináculos torneados, que preside el paisaje urbano. En su parte alta alberga un espacio habitable a modo de cenador, que se remata de una mansarda tronco-piramidal, conformando un singular mirador.

Recientemente el Chalet de Sixto ha sido comprado por una empresa hostelera de fuera de Ferrol, aunque viene sufriendo un visible deterioro. Se ha perdido el acceso principal con sus motivos ornamentales, mientras su amplia finca de 4.000 m2, un jardín cuidadosamente diseñado y dotado de origen de una variada flora de especies exóticas, incluidas palmeras, se encuentra prácticamente arruinado, mientras que el edificio se encuentra en mal estado, despintado y cercado de una antiestética muralla.

[email protected]

Comentarios