miércoles 21.08.2019

El Gobierno británico se ve incapaz de nacionalizar el concurso de tres BAC

El proyecto FSS, en el que participa Navantia, se ha convertido en uno de los ejes en el debate del Brexit
La propuesta de Navantia, que partía como favorita durante la época de Theresa May, se basa en la clase “Cantabria”
La propuesta de Navantia, que partía como favorita durante la época de Theresa May, se basa en la clase “Cantabria”

El futuro contrato FSS para la fabricación de tres Buques de Aprovicionamiento de Combate (BAC) para Reino Unido, en el que meses atrás Navantia partía como favorito, continúa avivando las tensiones en el marco de un Brexit sin acuerdo. Tras semanas de protestas por parte de patronal y sindicatos del naval británico –avivado por el presumible cierre del histórico astillero irlandés de Harland and Wolff–, el nuevo ejecutivo de Boris Johnson tomó la idea de nacionalizar para ganar apoyos entre el electorado de áreas industriales poco favorables al divorcio con Bruselas.

Así, desde la toma de posesión del gabinete se extendió la idea de que era posible realizar un cambio de legislación previo a la separación con Europa que permitiese ignorar la normativa comunitaria. Sin embargo, tal y como publicó ayer el diario escocés Evening Times, las promesas lanzadas desde el Ministerio de Defensa parecen haberse diluido en medio de la crisis de un Brexit duro.

Falta de respuestas
La noticia surgió a raíz de una comparecencia ante los medios de la parlamentaria Anne-Marie Trevelyan, de la Secretaría de Estado para la Defensa. Trevelyan, reconocida conservadora euroescéptica –y miembro del lobby European Research Group–, fue cuestionada acerca del ahora polémico contrato durante una reciente visita a la cadena de corte de acero de los astilleros Govan de Glasgow.


Tal y como recoge la publicación, la representante trató de evitar las preguntas de la prensa hasta en tres ocasiones, dando a entender finalmente que la perorata de cambiar la legislación para nacionalizar el concurso se había quedado en nada. Tras alabar la industria naval británica y augurarle “un brillante futuro”, los periodistas cuestionaron si con ello también se refería al concurso FSS. “A medida que avanzamos ese requisito también avanza, así que lo revisaremos desde un punto de vista comercial a lo largo de las próximas semanas y meses”, afirmó, lo que llevó a los periodistas a buscar una respuesta más concreta.


Trevelyan trató de esquivar la incómoda pregunta hasta en dos ocasiones más, centrando su respuesta en la construcción de los buques Type-26 y Type-31 y su futura implementación en las armadas canadiense y australiana –ambos, contratos en los que participaba Navantia y que perdió, presuntamente, por presiones gubernamentales–; en la labor de los trabajadores de las instalaciones de Govan o en la visión de los astilleros como parte de la cadena de valor de productos industriales británicos.


Finalmente, ante la insistencia de los profesionales de la comunicación, la representante afirmó que desde el ejecutivo de Johnson estudiarían cada caso “a medida que nos enfrentemos a ellos”, solicitando a los periodistas que “le diesen algunas semanas para poder ojear los montones de papeles que tiene sobre la mesa”.

Áreas conflictivas
Uno de los principales problemas a los que se enfrenta Boris Johnson a la hora de conseguir apoyos en estas zonas es que muchas de ellas se mostraron en 2016 contrarias al divorcio con Europa, especialmente en Escocia e Irlanda del Sur. Ambas regiones, pese a sus problemas estructurales en materia de industria –un punto que los conservadores trataron de explotar sin éxito–, se posicionaron a favor de Europa por sus propias particularidades, por lo que las acciones del Primer Ministro, que está dispuesto a llevar a cabo un Brexit duro sin contemplaciones, generan un alto rechazo entre la población.


En el caso de Escocia, a la “traición” de abandonar Europa tras usar la permanencia como punto decisivo en su último referéndum de .independencia, ahora se suma la incapacidad del ejecutivo de generar carga de trabajo en el área. Precisamente, a raíz de estas declaraciones, el representante laborista Paul Sweeney afirmó que resultaba “alarmante” la falta de “urgencia” mostrada por el gabinete de Johnson ante la crisis de los astilleros escoceses.

Moción de censura
En medio de esta crisis del naval, el escenario favorable al que parecía que el actual Primer Ministro accedería tras el fiasco en las negociaciones de May se ha difuminado por completo. El fallo a la hora de asegurar el contrato FSS para constructores británicos le ha alejado aún más de los nacionalistas escoceses –que siguen acusando a los conservadores de favorecer a Navantia para suavizar las negociaciones sobre Gibraltar–, que inicialmente se han alineado con su principal opositor, Jeremy Corbyn, tras el anuncio de este de que encabezaría una moción de censura a finales de verano.


Este escenario, no obstante, está resultando altamente beneficioso para el grupo naval público. Mientras el ejecutivo de Johnson se enfrenta a la amenaza de un desalojo, las pretensiones de volver a cambiar las bases del concurso para favorecer al “Team UK” o incluso de saltarse la normativa europea han quedado completamente aparcadas, permitiéndole centrarse en su candidatura.


Así, tal y como anunció el pasado miércoles, Navantia pondrá toda la carne en el asador de cara a la feria DSEI –Defense & Security Equipment International– de septiembre, donde contará tanto con una experiencia interactiva como con un evento privado sobre el proyecto.

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