viernes 30/10/20

Difícil futuro de las tiendas fotográficas ante el imbatible negocio de las redes

Las fotógrafas Eva Villar, Ana Salgado, Ángeles Rouco y el videógrafo Ángel García sufren en sus propios negocios el declive de la fotografía y la edición, tanto de imagen fija como de vídeos, ante la creciente afición derivada de las nuevas tecnologías y las redes sociales. Muchos establecimientos luchan por la supervivencia

Las nuevas tecnologías han situado a los tradicionales establecimietos de fotografía y revelado ante una difícil situación de supervivencia. La continuidad pasa por la renovación..


Desde Tramas (Rúa Real, 98) Eva Villar cuenta que “internet ayuda en el terreno de la fotografía, es más, facilita la rapidez en cuanto al envío y la edición de fotografías, pues el cliente las pasa a través de Whatsapp y confirma que está listo para recoger por el mismo medio, lo que facilita la comunicación entre cliente y fotógrafo”.

Pero el comercio electrónico ya es otro asunto, es algo con lo que no se puede competir desde la tienda física. Los precios son inmejorables aunque el producto resulte al final peor.

Otro inconveniente, es que la gente joven no acuden a nosotros para hacer fotografías. Prefieren almacenarlas y después enviarlas a las redes. Por ejemplo, con Instagram que reina por excelencia en todos los “smartphones”. A través del móvil hacen una cantidad muy grande de instantáneas. Ya no ocurre como con el carrete que tenía un número de disparos limitados para guardar.


Villar indica que “las personas que todavía vienen a realizar una impresión de una imagen o capturar fotografías en la propia tienda tienen una media de edad de entre los 30 a 65 años”, adultos que pueden tener más dificultad o reparo en utilizar las nuevas tecnologías.


“El papel del fotógrafo en el plano negocio está totalmente desfavorecido, porque, en la actualidad, la gente compra una cámara y ya se cree fotógrafo. Si la compras por 200 euros eres un buen fotógrafo, de 500 mejor y conforme aumenta el coste de la cámara sube el prestigio; con lo cual, aunque no tengas conocimientos de fotografía si no te sale en la primera captura será en la número 1.000 y el objetivo estará cumplido” relata esta profesional


Los jóvenes utilizan a diario las herramientas tipo Photoshop a su gusto. Son nativos digitales carecen de impedimento para manejar todos los entresijos que ofrecen diversas páginas de edición, realizan todos los cambios ellos mismos.


Cambiando de tercio, la venta de cámaras, otro punto fuerte para las tiendas de fotografía, ya no tienen competencia en comparación con tiendas online.


En bodas, bautizos y comuniones prefieren a familiares con cierto conocimiento en la materia y que todo sea más sencillo y económico. El movimiento “hazlo tu mismo” gana adeptos y en este campo así lo hacen. La captura de un gesto bonito será cuestión de no parar de disparar con la cámara durante todo el evento. Alguna habrá para el recuerdo y la cantidad, como se destacaba antes, ya dejó de ser un inconveniente.
Hay que adaptarse a lo que viene, si no te irás. “Es un negocio destinado a perderse”. Así lo piensa la responsable de Tramas y única profesional que queda en el negocio, donde empezaron 15 fotógrafos en plantilla y queda solo ella. Perdurarán solo algunas personas destacadas de la sociedad que hicieron un retrato a alguien venerado entre la sociedad.


Ana Salgado, fotógrafa de Josbe (C/Real, 169), está totalmente de acuerdo, pero apunta que “Ahora los jóvenes vuelven a valorar el tema de la fotografía, más que nada porque pierden muchas; si se estropea el móvil eliminan toda la galería que llevaban almacenando años y ahora prefieren revelarlas”.

Los clientes optan por hacer las fotos por su propia cuenta. Las hacen con el móvil y no necesitan de sesiones especiales o de estudio, pues cada vez la calidad de las cámaras sube y tienen mayor nitidez y por consiguiente los encuadres capturados.
La percepción de Ana Salgado es que “no valoran ya todos los recursos que dan los profesionales; solamente tienen en mente salir guapos y esperar a recibir muchos me gusta en las redes sociales”.


La fotografía por si sola ya no es un negocio. Hubo una bajada en el volumen de ventas que sigue mermando. “Para suplir la falta de producción de fotos, lo que pensamos es en hacer otras cosas. No sabemos muy bien por donde salir de esta crisis que parece conducirnos irrevocablemente al fracaso. Para mejorarlo, diversificamos, hacemos fotocopias” apunta.


El futuro que le depara es un negocio pequeño. Antes eran 9 personas y ahora quedan solo dos. En el estudio gráfico Pluma (Calle Cuntis, 47) cuenta Ángeles Rouco que una fotografía impresa de calidad es un referente del momento, del mismo instante, ya que el papel lo pueden guardar para siempre y no se perderá en las numerosas nubes de almacenado de nuestro soporte digital.


“Cada vez hay más gente aficionada a la fotografía. Pero llegamos a un punto en el que están desvalorizando el trabajo”, aclaran desde el estudio.
Reclama Ángeles “la importancia de no perder este tipo de tiendas”, no perder la referencia que ayuda a tener armonía en la ciudad de Ferrol. Sigue habiendo un punto de encuentro para las personas que aman este oficio”.


“Actos de comuniones, bodas y demás eventos relevantes están más en detrimento. Hay que darse valor. Lo que nos diferencia es la personalización hacia el cliente, el enfoque siempre en vista a lo que el cliente reclama y un resultado positivo en todo caso, lo que intenta aportar ese plus de calidad” explica Ángeles. Desde Pluma, perciben, “la tienda física ya no se valora correctamente”.

El consejo que damos es “valorar a la gente del negocio local”.

“Trabajamos más con fotógrafos profesionales, porque la persona de a pie nos busca para hacer sus impresiones. Se está perdiendo el revelado y guardan el archivo digital”

La realidad de los videógrafos
Ángel García, videógrafo con tienda física en Rúa Magdalena, 78. Coincide en que “el tema de la fotografía y el vídeo se ha popularizado. Cada vez más, la gente intenta buscar un buen trabajo por un precio muy bajo.” idea positiva dentro del mundo de la imagen.


El grupo de edad, “de 25 a 35 años es el que empiezan a valorar los recuerdos y reclama un vídeo. Los jóvenes son conformistas, pero la visión artística con criterio y sensibilidad solo lo puede dar un profesional y para ello siguen contratando los servicios de la tienda”, concluye Ángel.

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