jueves 23.01.2020

Cuando el “Discoverer Enterprise” cambió la realidad de Ferrol y toda su comarca

Se cumplieron ayer 22 años desde que el “Discoverer Enterprise” derribara el puente de As Pías, hace dos décadas la principal arteria de comunicación viaria con Ferrol, cuyos restos permanecen, todavía hoy, en el fondo de la ría
El “Discoverer Enterprise” rompió sus amarres en el muelle de Astano, en donde llevaba atracado varias semanas tras su botadura, en una madrugada con vientos de más de 140 kilómetros por hora | cope
El “Discoverer Enterprise” rompió sus amarres en el muelle de Astano, en donde llevaba atracado varias semanas tras su botadura, en una madrugada con vientos de más de 140 kilómetros por hora | cope

El 13 de enero de 1998 la ría de Ferrol amanecía con el tramo central del puente de As Pías, en aquel entonces principal vía de comunicación con Ferrol por carretera, derruido por la envestida de una de las mayores unidades “off shore” construidas hasta entonces, el “Discoverer Enterprise”.

Se da además la circunstancia de que también es ahora cuando la construcción, primera de dos unidades –la otra fue el “Discoverer Spirit”–, ha finalizado su vida útil e inicia la vía del desguace.

Las dieciséis estachas que mantenían la enorme estructura firmemente sujeta al muelle principal de la factoría Astano, en donde se había construido y botado apenas un mes antes, se revelaron ineficaces ante la fuerza de un temporal que, en el momento del siniestro, registraba vientos superiores a los 140 kilómetros por hora.  El buque, contratado por Transocean, se quedó encajado precisamente en la única zona del puente –de aquella de un solo carril en cada dirección–, sostenida por pilares.

De forma paradójica, el siniestro llevó al Gobierno central a potenciar la mejora de las comunicaciones con una extensión del trazado original de la autopista 

La ciudad cabecera de comarca retrocedió en ese momento –hasta que seis meses después finalizaron las obras que permitieron habilitar parte de la estructura– a los tiempos en que la carretera de Castilla era el único camino de comunicación con los principales núcleos urbanos y económicos de la provincia.

El colapso del tráfico se convirtió durante ese espacio de tiempo en una constante diaria que soportaban miles de vecinos y empresas y servicios de toda índole, obligados a recorrer 8 kilómetros a través de Narón y Neda por una vía ya entonces saturada e incapaz de soportar la circulación habitual.

Para vecinos como Jorge Fernández, residente en Fene y en esos momentos estudiante en el campus universitario local, fue la constatación de “la importancia que tenía aquel puente y del servicio que hacía”. En la “otra banda” de la ría, su pérdida alcanzó mayores dimensiones al verse interrumpidos servicios básicos como el del suministro de agua.

El accidente, del que ayer se cumplieron 22 años, tuvo una repercusión no solo mediática, sino que definió como pocos acontecimientos la actual realidad de Ferrol y comarca.

Y es que, paradójicamente, contribuyó a la mejora de las infraestructuras, entre ellas la del propio puente, que pasó a tener dos carriles por cada sentido, al tiempo que favorecía que el último tramo de la autopista AP-9, cuyo trazado estaba previsto que, inicialmente, finalizara en Fene, se extendiera hasta Ferrol en un tramo con carácter gratuito por decisión del Gobierno de José María Aznar. Se trataba, en buena parte, de favorecer los traslados por la vía de pago y compensar las molestias que el siniestro produjo a la ciudadanía

Fue sin embargo necesario esperar otros cinco años para que la ansiada autovía entrase en funcionamiento.

Otras consecuencias

El derrumbe del puente afectó además a uno de los sectores más productivos de la zona, la de la explotación marisquera.

Una situación que todavía tiene repercusiones a día de hoy, cuando gran parte de los restos de la estructura de asfalto y hormigón continúan en el fondo marino dificultando la limpieza de lodos y sedimentos, pese a las constantes peticiones de las cofradías locales para su retirada.

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