Jueves 27.06.2019

Aciertos y varapalos de Navantia en el competitivo mercado internacional

El nuevo plan estratégico del grupo naval público pasa por la expansión internacional. A pesar de la experiencia acumulada con el paso de los años, la compañía sufrió durante los últimos doce meses algunos de sus más duros golpes, generalmente derivados de la propia geopolítica, de los que irremediablemente deberá aprender

La capacidad de la serie F-100 fue puesta en entredicho este año tras el hundimiento de la “Helge Ingstad”, dañando la reputación de Navantia
La capacidad de la serie F-100 fue puesta en entredicho este año tras el hundimiento de la “Helge Ingstad”, dañando la reputación de Navantia

Los últimos doce meses han resultado especialmente intensos para Navantia. El grupo naval público no solo es uno de los principales motores económicos de Ferrol, sino también una de las empresas españolas con más representación e importancia internacional, lo que la hace especialmente susceptible de los devenires políticos del mundo. 

En un panorama como el actual, la compañía pública se está enfrentando a grandes retos sobre los que deberá maniobrar si no quiere perder esa entidad a manos de los nuevos agentes venidos del este, como Corea, China y Japón, o las trabas de las naciones responsables de sus competidores en el oeste.

Plan estratégico
En diciembre de 2018, Navantia aprobó su nuevo plan estratégico, un cambio de rumbo que pasa por el rejuvenecimiento de su plantilla, la modernización de las instalaciones, la diversificación y una mayor proyección internacional. En este contexto, la compañía presentó la semana pasada su nueva imagen corporativa en la feria Feindef de Madrid, mostrando así que, junto al ERE de sus empleados más veteranos y la celebración de periódicos “Meeting day” –sesiones de reclutamiento para jóvenes talentos con escasa experiencia laboral–, está volcada con esta novedosa cultura empresarial.

Del mismo modo, el proyecto de construcción de las fragatas F-110 y la adopción del modelo productivo 4.0 pretenden convertirse en una antesala de su oferta, con una nueva nave que mostrar al exterior de mayor capacidad que la serie F-100 y unas instalaciones a la altura del mercado. No obstante, si los últimos doce meses han demostrado algo es que todavía quedan muchos obstáculos políticos.

Brexit y Commonwelth
El divorcio de Reino Unido y Europa está resultando especialmente dañino para Navantia. La falta de confianza de la población británica hacia su primera ministra, Theresa May –que la pasada semana anuncio su futura dimisión– llevó a Londres a sacar su artillería para tratar de demostrar su poderío económico más allá del viejo continente. Así, a finales de junio de 2018 el grupo naval público español perdió un contrato de 22.000 millones de euros para fabricar para Australia sus nuevos buques SEA-5.000; un concurso en el que partía como clara ganadora y que en el último momento fue adjudicado a la británica BAE Systems para sorpresa de toda la industria.
Meses después, en octubre de 2018, la historia se repitió con el que habría sido uno de los mayores encargos de la historia de Navantia. El concurso de quince fragatas para la Armada canadiense, con un valor de 37.200 millones de euros, terminó siendo adjudicado, una vez más, a BAE Systems. Este caso, además, resultó tan escandaloso –los requisitos del concurso se cambiaron hasta en 88 ocasiones para adecuarlos a la oferta británica– que incluso terminó en los tribunales.

La influencia del Brexit, no obstante, no cesó con esto. El último contrato al que opta Navantia, el de tres buques logísticos para el Reino Unido del que, una vez más, parte como favorita y podría afectar directamente a Ferrol, vuelve a peligrar. Si bien los requisitos iniciales favorecían al grupo español y a la nipona Japan Marine United, fuentes de la industria adelantaron un posible cambio en estos –motivado, en parte por las grandes protestas del sector naval británico, que exige que se fabriquen allí– para hacerlos “más justos”, lo que se traduciría en un beneficio directo a la única propuesta inglesa para el concurso, el consorcio Team UK.

La caída de la F-100
El hundimiento de la fragata noruega “Helge Ingstad”, fabricada en Ferrol, en noviembre de 2018 también afectó enormemente la proyección internacional de Navantia. El buque escandinavo estaba basado en la serie F-100, uno de los principales productos que oferta el grupo español, por lo que la sugerencia del gobierno noruego de que podría tener fallos de diseño dañó considerablemente la reputación de este.

De hecho, otro de los contratos a los que aspira Navantia, en este caso de diseño para Estados Unidos, se vio gravemente cuestionado por esta situación. El programa FFG(X) supondría un gran avance para las relaciones entre España y los Estados Unidos; lamentablemente el velado ataque de Noruega, sumado al talante agresivo de su presidente, Donald Trump, sobre el acuerdo nuclear con Irán –que obligó a la retirada de la fragata “Méndez Núñez” de un ejercicio– ponen, una vez más, otro concurso en entredicho. A pesar de ello todavía queda un año para la adjudicación y, como se ha visto, mucho puede cambiar en doce meses.

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