Miércoles 21.11.2018

Un hogar dedicado a todos los que son “burroadictos”

 

El espacio ”O fogar do meu burro” nació en 2011, pero en el corazón de Tomás Rábanos, que vive consagrado a estos animales, lleva existiendo desde la infancia y, precisamente, con el gremio de “burroadictos” y estos singulares acompañantes comparte los beneficios de la “asinuterapia”, de la calma en el desplazamiento y el gusto por el cuidado y la atención.

 

El músico terapeuta Tomás Rábanos, junto a un burro | Óscar Corral (efe)
El músico terapeuta Tomás Rábanos, junto a un burro | Óscar Corral (efe)

El espacio ”O fogar do meu burro” nació en 2011, pero en el corazón de Tomás Rábanos, que vive consagrado a estos animales, lleva existiendo desde la infancia y, precisamente, con el gremio de “burroadictos” y estos singulares acompañantes comparte los beneficios de la “asinuterapia”, de la calma en el desplazamiento y el gusto por el cuidado y la atención.
Él es músico terapeuta, pero en su mente siempre rondó la idea de valerse de sus conocimientos para cumplir de algún modo con la grata labor de ayudar desde la propia naturaleza. Lo logró, en la aldea de Lamas, en Ames (A Coruña), muy cerca de Santiago, con un terreno que le prestaron los vecinos y donde ejecuta un sinfín de acciones didácticas, como la que ayer reunió a alumnos del centro de estimulación temprana Casiopea, que son habituales.
La exitosa Asinuterapia en niños y adultos “con otras capacidades”, cuentan tanto Marina Tubío, directora de Casiopea, como el propio Rábanos, pone de manifiesto los beneficios que un animal, en este caso el burro, aportan. No en vano, el burro, o asno, es un ser que no impone su ritmo a nadie, es decir, así como respeta su propio ritmo, lo hace con el de los demás, y posee unas “propiedades terapéuticas” intrínsecas a su etiología.
Es paciente, es lento, es tranquilo, es inteligente, es curioso y es colaborador. La técnica consiste, por tanto, en desarrollar los aspectos sensoriales, psicomotores y sociales de las personas a través de la interacción con “burritos”: observarlo, palpar su textura, su olor, sus sonidos y sus movimientos. Todo esto induce a la contemplación de un ser vivo que, por sus características, es digno de admirar. 
El primer inquilino de “O fogar do meu burro” fue Pascual y, el segundo, Bombón. Solamente hay dos comprados, el resto son donados. La visita incluye paseos “emocionales” por el pueblo, jugando con la luz y buscando implicar a los residentes en el lugar, fomentando las habilidades sociales. También hay tarea, pues los “visitantes” aprenden a hacerles la cama, a lavarlos, a perder la timidez.

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