domingo 25.08.2019

Marcos García: “Lo que conseguí en mi carrera fue por paciencia y pesado”

Marcos García ha disfrutado de una dilatada carrera a la que puso fin el pasado mes de diciembre
Marcos García ha disfrutado de una dilatada carrera a la que puso fin el pasado mes de diciembre

Ha sido un deportista total. Un nadador polifacético con una dilatada carrera plagada de éxitos. Implacable dentro de la piscina, fuera de ella Marcos García (San Sebastián, 1988)supo granjearse el afecto y el respeto de rivales y amigos. Cuando, hace algo más de seis meses, con motivo del Campeonato Gallego de Invierno, nadó sus últimos 100 metros mariposa, su prueba fetiche, la piscina de Santa Isabel le brindó un homenaje que todavía hoy recuerda con emoción –“no me lo esperaba”, reconoce el respecto–. El sábado, será su club de toda la vida, el Natación Ferrol, el que le rinda tributo, un buen momento para hacer balance a la trayectoria de uno de los nadadores departamentales más laureados de los últimos tiempos.  

Como otros muchos niños de su generación, comenzó a nadar muy pronto, con apenas cinco años, por prescripción médica para combatir el asma que padecía. Marcos García no imaginaba entonces que su vida acabaría intrínsecamente ligada a esta disciplina. Un deporte en el que lo ha sido todo a nivel autonómico y en el que también se forjó un notable palmarés a nivel nacional. 

Pocos nadadores prolongan su carrera más allá de los 25 años. Usted se retiró con 30 y ganando un título gallego, ¿cuál fue el secreto de esa dilatada carrera? 

Creo que muchas de las cosas que conseguí en mi carrera fue por pesado, por tener paciencia. Yo en las categorías de base, de los 9 a los 14, apenas destacaba. Iba justito a los Campeonatos de España y quedaba por el medio o de los últimos. No fue hasta absoluto que entré en una final y la gane. Y eso fue más por trabajo duro que por otra cosa. En los resultados siempre hay una parte innata, pero también trabajo, saber qué tipo de entrenamientos hay que hacer a cada edad, esperar al desarrollo físico y psicológico... Hoy en día se tiende a exprimir al nadador antes y eso crea resultados a corto y medio plazo, pero los niños se queman mentalmente e incluso físicamente y después no son capaces de evolucionar más.

Cuando empezó a nadar, ¿esperaba que este deporte le reportase tantos éxitos?

Cuando era pequeño mi sueño era ser finalista en un Campeonato de España absoluto. Pensar en estar entre los ocho mejores en una prueba ya era para mí surrealista. Pero pensar ya en ganar, que tendría muchísimas medallas, que iría a la selección... No lo podía imaginar, así que no me puedo quejar de nada.  

Echando la vista atrás, ¿de qué logro se siente más orgulloso?

Más que de haber ganado algo en concreto, de lo que me siento más orgulloso es de haber estado entre los tres o cuatro mejores de España durante diez años, a pesar de un ir y venir de generaciones. Eso, en un deporte tan exigente y con un número de licencias tan alto como la natación, es muy complicado. 

¿Qué le ha dado la natación?

De la natación me llevo sobre todos mis amigos, mi pareja... además de muy buenas experiencias. Pero, sobre todo y lo más importante, me llevo un estilo de vida, una forma de ver las cosas. Es un deporte duro, en el que tienes caídas y tienes que levantarte y aprender de ellas. Esa es una forma de ver las cosas que me sirve para mi vida cotidiana una vez que he dejado de nadar.

¿Le quedó alguna “espinita” clavada?

Una vez que fui campeón de España soñaba con ser internacional absoluto. Me quedé muy cerca de los Campeonatos de Europa en varias ocasiones e intenté ir a los Juegos Olímpicos de Río. Estaba bien preparado, pero no salió. Gracias a Dios no me rendí y el año pasado al fin conseguí esa internacionalidad en los Juegos del Mediterráneo. Sé que no es lo mismo, que no son unas olimpiadas, pero ser internacional era mi gran sueño y lo logré, así que me quedo muy satisfecho.  

En cierto modo, ha sido un deportista atípico en los tiempos: despuntó “tarde”, acudió “mayor” al Centro Tecnificación Deportivo de Galicia, se retiró con treinta años...

Es cierto. Me fui a Pontevedra con 26 años, cuando allí había gente de 14. Pero me marché siguiendo un orden en mi evolución física y psicológica sin dejar tampoco de lado los estudios. En España es complicado compaginarlo, de ahí que cuando llegan a Bachillerato muchos deportistas lo dejan. Es complicado aprender a gestionarse el tiempo, pero en realidad saber organizarse te ayuda en la formación como persona.  

¿Cómo es su vida desde que dejó su faceta de nadador?

En el Natación Arzúa me ofrecieron un puesto como entrenador a principios de temporada, así que yo ya estaba allí llevando las categorías de base. Después de más de veinte años compitiendo, los primeros meses me sentía muy extraño mandando yo en vez de ser a quién le decían qué tenía que hacer. Pero ahora lo llevo bien. Me encargo de todas las categorías y estoy aprendiendo mucho. Además, estamos teniendo buenos resultados individuales y como equipo hemos ascendido a Primera División. 

¿Tiene “mono” de nadar?

Sigo haciéndolo, pero por placer. También voy al gimnasio para mantenerme en forma porque, después de tanto tiempo haciendo deporte, es peligroso dejarlo de golpe porque, aunque físicamente no se aprecie mucho, fisiológicamente sí.

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