Opinión
Viernes 12
de Marzo de 2010
MULLERES
ÁNXELES PENAS Mujeres de A Coruña y de otras latitudes asentadas aquí, mujeres de Galicia a las que ha reunido Josefa Cerviño, mujeres homenajeando a otras mujeres, soñando un canto coral, un tal vez imposible día dorado y luminoso que se sobreponga a las horas de hojalata y de dolor, tan presentes hoy como en los días en que la inmortal Rosalía, -a la que nuestros versos rinden tributo- las denominó ramallo de toxos e silvas, en su libro Follas novas; mujeres que derrochan talento y lo demuestran en la exposición de la Casa de Cultura Salvador de Madariaga, arropadas por el espectacular montaje que José Luis Rey Barreiro ha ideado para darles un espacio ligero y aéreo, aventado, a la vez íntimo y libre. Ahí cobran presencia y fuerza rostros marcados, como el de la Frida Kahlo de Yolanda Dorda que chorrea blancos pigmentos como lágrimas, o el de las mujeres afganas a las que Carmen Senande muestra prisioneras de metálicas mallas y encapsuladas en sus grises túnicas, o el de María Casares a la que Isabel Pintado, con su singular delicadeza, ha devuelto toda la inmensidad del azul atlántico, para compensarla de sus días desterrados. Otras buscan a la mujer a través de la naturaleza, seno eterno y madre sustentadora: ahí está en los grises paisajes de Aurichu Pereira, en el Territorio de la rosa de Soledad Pite, del que hace ofrenda a María Zambrano y en las hojas entubadas de Emilia Salgueiro que dedica a la oleira Lola Penelas. Para todas las trabajadoras anónimas ha ideado Luisa Valdés un icono femenino construido con los humildes cepillos de fregar suelos; Yolanda Ferrer exalta la bondad que irradia el rostro de la esposa de Vicente Ferrer, la gran Anna; Dolores Gálvez acuna en espirales ondas rojas a Virginia Woolf ; Julia Ares ofrece a la periodista mejicana Lidia Cacho la diafanidad del cristal para denunciar la verdad. Páginas negras para Sofía Casanova ha pintado Gosia Trebaccz; la voz o el grito están en Berta Ares y Cruz Pérez Rubido; Fina Mantiñán indaga, con su relieve sobre madera, en la realidad de la materia; para Artemisia Gentileshi abre su caja de tesoros A. Heyvaert. Y, en homenaje a Maruja Mallo, coronan poderosas la muestra, las esculturas de hierro de Soledad Penalta, coro de personajes suspendidos sobre el abismo, perfecto colofón y tal vez campana para nuestro verso: E o que escoito son voces de aluminio ferindo a raia do solpor....
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