Opinión
Viernes 14
de Noviembre de 2008
OBAMA: LA VIDA SIGUE
JAIME RODRÍGUEZ-ARANA La elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos de América tiene un significado que estos días se ha glosado por activa, por pasiva y por perifrástica. Ciertamente, se ha dado un paso de gigante en lo que a igualdad racial se refiere, pues es la primera vez que una persona de color llega a la Casa Blanca, algo insólito años atrás. Mucho se espera de Obama en relación con el nuevo multilateralismo que Estados Unidos habrá de promover como metodología para las relaciones internacionales. Tendrá que resolver el problema no menor de la invasión de Irak y de la nueva posición de USA en el orden internacional.
Sin embargo, en mi opinión, lo más importante que le espera al nuevo inquilino de la Casa Blanca es liderar una nueva manera de concebir el poder político más sensible a los derechos de las personas. La regulación económica y financiera es necesaria para un funcionamiento adecuado y razonable, también en términos de solidaridad, del mercado. Las estructuras internacionales, entre ellas la ONU, pero también el FMI o el BM, reclaman reformas sustanciales. El derecho de veto es anacrónico. Hacen falta instituciones globales en el mundo del Derecho que actúen sobre la gobernanza global.
El problema del hambre y de la pobreza en el mundo debe ser planteado en serio. Las cuestiones de la desigualdad, de la exclusión, de las guerras fratricidas todavía existentes, deben estar presentes en la nueva agenda internacional.
En fin, si Obama quiere ser el presidente del país más poderoso del mundo, ha de asumir retos y desafíos coherentes con lo que se espera de la primera potencia. Si, por el contrario, se instala confortablemente en Washington y se dedica únicamente a defender unilateralmente los intereses norteamericanos y a continuar imponiendo una situación de privilegio, entonces aviados estamos.
De Obama se espera mucho porque ha generado mucha confianza durante la campaña a la presidencia de los EEUU. Porque ha sabido aprovechar el caudal de descontento de la Administración Bush, porque ha enganchado con los deseos de cambio de una mayoría de la sociedad, porque, en definitiva, fue capaz de vencer a su principal enemiga, que no era otra que Hillary Clinton.
Estos días asistimos a un concierto de entusiasmo y esperanza en torno a este joven político afroamericano que ha conseguido llegar a la primera magistratura de los Estados Unidos de América.
Ojalá sea capaz de comprender que en lugar de gobernar para quienes le votaron, incluso para quienes financiaron su campaña, debe gobernar para todos los norteamericanos. Para todos los yanquis, sin olvidar que en muchas partes del mundo están pendientes del grado y de la intensidad de su lucha a favor de los derechos humanos, también de aquellos que están a punto de ser y de los que están en trance de dejar de ser. Si es capaz, ahora, de dar contenido real a muchas de sus proclamas y remangarse para trabajar como uno más, seguramente su presidencia será recordada.
Si, por el contrario, se deja seducir por la tecnoestructura de Washington y se alinea con el pensamiento correcto, entonces su mandato habrá sido en balde. El tiempo, como siempre, será el mejor juez.
JRA@UDC.ES
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