Opinión
Sábado 15
de Noviembre de 2008
NIÑOS TIRANOS
CRISTINA CARAMÉS ESPADA Pegan, amenazan, roban, insultan a sus padres Los niños tiranos o, también llamados, niños con el síndrome del emperador cada día son más abundantes. Entonces, señores lectores, ¿qué ocurre en la personalidad de un niño para que llegue a agredir a sus padres?
Pues no se sabe. El caso es que los expertos sostienen que la culpa reside, en la mayoría de los casos, en los propios padres, en que no han sabido poner límites a tiempo, en que no han sabido hacer ver a sus vástagos que los actos (todos y cada uno de los que realizamos a lo largo de nuestras vidas) tienen consecuencias. Es decir, sostienen que hay padres que cuando dicen NO, en realidad significa SI o A VECES o QUIZÁ. De esta manera, le estamos diciendo ‘No’ al niño, pero al no hacerlo con firmeza, el resultado es que el niño continúa con su mal comportamiento. No obedece, discute, patalea, etc.
Todo vale, todo se consiente y todo se permite porque muchos padres pasan muy poco tiempo con sus hijos y el poco tiempo que pasan pues No pueden emplearlo en educarlos sino tan sólo en amansarlos. Criar y educar a un chiquillo (sobre todo en determinadas ocasiones) requiere mucho esfuerzo y paciencia. Requiere consenso, puntos de vista distintos a los propios y, sobre todo, tiempo para hacerlo.
En la sociedad en la que nos movemos y habitamos toleramos cada día menos la frustración propia (para qué hablar, pues, de la de nuestros hijos) y, por esta razón, tratamos de apaciguarla con pseudo píldoras de felicidad aparente que llenan todas las facetas de nuestras vidas con las que no estamos muy deacuerdo. Que mi hijo no ha aprobado todas porque no estudia lo suficiente; pues Yo lo sublimo y me digo a mi mismo que será porque en el colegio no le dedican tiempo suficiente, porque los planes de estudio no paran de cambiar, porque les ponen muchos deberes pero no se implican con ellos Y si resulta que no se trata de que mi hijo no estudia sino de que arremete a sus compañeros, lo que me digo es que habrá tenido que defenderse, que móviles hoy en día tienen todos y que algo le habrán hecho cuando ha reaccionado de esta forma.
Se les deja organizar en casa lo que comen, se les deja manejar la televisión a su antojo, no se les dice que no a nada cuando estamos fuera de casa para que no haya berrinches y cuando nos queremos dar cuenta resulta que tenemos un desconocido egoísta, mentiroso, y que nos maneja psicológicamente a su antojo, viviendo bajo nuestro techo.
Hay quienes sostienen que etapas de búsqueda del límite del otro, incluso groseras, o de enfrentamiento con la autoridad (que son los padres, o los abuelos, o los profesores) son necesarias e incluso saludables en su formación como personas adultas; pero que hay que manejarlas con sumo tacto y prudencia por nuestra parte para que no las utilicen para conseguir todo lo que quieren y les sirvan, efectivamente, para formarse y llegar adultos responsables.
Esta tarea lleva tiempo y no se resuelve en una tarde o de un día para otro. No podemos quejarnos, por tanto, si de pronto un día nuestra hija nos sienta en una reunión con sus profesores, nos grita delante de ellos, nos manda callar, y nos increpa que qué demonios sabemos nosotros de sus estudios (o de lo que hace al llegar a casa) si nunca estamos allí para verlo.
Es cierto que una situación así (lamentablemente verídica y presenciada por dos compañeras de trabajo y por mi misma) no debe consentirse bajo ningún concepto; que no podemos dejarnos comer un terreno que es nuestro como padres, como educadores o, simplemente, como formadores de personas a las que queremos muchísimo.
Precisamente por esto debemos mostrarles que el tiempo que pasamos con ellos es importante. Si sólo hacemos las tareas de la casa, el trabajo de fuera, salimos con los amigos los fines de semana o vemos la televisión y no les involucramos directamente a ellos ¿Qué tiempo les estamos dedicando en exclusiva? Ninguno.
¿Por qué nos sorprende entonces que personas a las que nunca hemos puesto límites en nada, que nunca hemos cuestionado sus formas o métodos de proceder con nosotros o con otros familiares, nos traten a palos (literal y metafóricamente hablando)?
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