Se veía venir

Parece que el escenario de un choque de trenes que auguraban los más temerosos va, definitivamente, a mudarse en un descarrilamiento del tren independentista con toda su carga teatral y demagógica.

Parece que el escenario de un choque de trenes que auguraban los más temerosos va, definitivamente, a mudarse en un descarrilamiento del tren independentista con toda su carga teatral y demagógica.
Y se veía venir, entre otras cosas, porque los vagones en que viaja el independentismo catalán son irregulares, poco sólidos y renqueantes, sobre unas vías que conducen a un callejón sin salida.Y, sobre todo, conducen a consecuencias difíciles de afrontar para muchos, como son la posible inhabilitación y la puesta en riesgo de patrimonios personales y familiares. Hablamos de cosas de comer y “la pela es la pela”. Cada vez es más evidente que, contra la ley, se ha elegido la vía equivocada.
El cambio de Gobierno no es una solución pensada para dar un mejor servicio a la ciudadanía de Cataluña, para mejorar la sanidad, la educación o las infraestructuras; es un “ prietas las filas” ante la amenaza de desbandada. El “proces” necesita de lealtades inquebrantables y mala cosa es que una nación pretenda nacer de semejante modo, contra la ley y apartando a los tenues. ¿Qué les sucederá a los oponentes?
En el mundo globalizado de las redes sociales se puede imponer la pos verdad pero no se puede gobernar contra propios y ajenos. Eso no es democracia, se llama de otra manera, y de ella tenemos infausta memoria.
Lo cierto es que, en el fondo de esta purga, se trasluce también una lucha de poder que se evidenciara dentro de Junts Pol Si el día dos de Octubre, cuando se combo quien elecciones anticipadas en Cataluña. Ningún líder (salvo Puigdemont que está de salida y puede convertirse en el mártir de la secesión) quiere ser inhabilitado y dejar el camino expedito a su rival. Esquerra Republicana toca con las manos el Palau de la Generalitat en solitario. Y Oriol Junqueras se ve “President” sin ataduras y con fuerza suficiente incluso para llegar a acuerdos con el Estado.
Es quien menos tiene que demostrar un fervor independentista de última hora, porque siempre lo ha sido. El pasado martes, en una reunión con Puigdemont, le exigió el “todos a una”. Tal vez, temiéndose una trampa para dejarle solo frente a las sanciones por la desobediencia. Le dio los nombres de los consejeros que debían ser relevados para aceptar la coordinación del referéndum y la compra de urnas sin suministradores y sin dinero para comprarlas fuera.
No es que Neus Muntè o Jordi Janè no fueran fieles, es que, probablemente, en alguna ocasión, expresaron él voz alta sus dudas sobre la legalidad y viabilidad del camino elegido. Jane ha estado muchos años sentado en su escaño del Congreso de los Diputados y sabe, de primera mano, que España no roba a Cataluña. Seguro que, como a la mayoría de catalanes, le gustaría ser consultado sobre el futuro, pero no así, no a las bravas. No sin respaldo internacional. No sin la oposición. No en contra de la mitad delos catalanes.