• Viernes, 18 de Agosto de 2017

Un Deportivo de Primera con fútbol de Segunda

aestas alturas de la temporada, a falta de seis jornadas para decir adiós

aestas alturas de la temporada, a falta de seis jornadas para decir adiós a este curso, me vienen a la memoria unas declaraciones de Juanfran, allá por febrero, donde manifestaba que había que jugar “con el culo apretado” para salvar la campaña. No sé si esto se cumplió o no, pero lo cierto es que con el triunfo sobre un Málaga muy pobre en Riazor, la permanencia, salvo una catástrofe en la que no pienso ni remotamente, parece asegurada.
Matemáticamente el objetivo no está cumplido, pero la inercia de la competición me hace ser positivo. Pero con matices. Siempre dije que el fútbol que desplegó el equipo, con contadas excepciones, tuvo más sombras que luces. Incluso me atrevo a decir que este Dépor seguirá en Primera por deméritos de los demás, pero no por su fútbol, que en ocasiones, demasiadas, ha sido calamitoso y digno de una inferior categoría.
La realidad es que nos hemos aburrido mucho y lo hemos pasado muy mal. Siempre estábamos (y estamos) pendientes de los resultados del Leganés y Sporting. Y eso es un síntoma de debilidad alarmante. La diferencia de puntos en la clasificación sobre asturianos y madrileños debe ser suficiente para afrontar el calendario que todavía queda pendiente.
Después llegará la hora de las reflexiones. Ver qué tipo de futbolistas conviene que siga en el club, ya que existe alguno que no ofreció, ni remotamente, su mejor versión. También Pepe Mel, muy amigo de ofrecer jugosos titulares para la galería, debería explicar algunas decisiones técnicas sobre determinados jugadores que llaman la atención y de las que discrepo abiertamente.
Es cierto que cada maestrillo tiene su librillo, pero tengo la sensación de que en las últimas jornadas ha jugado con fuego y la respuesta está en sus gestos y sus intransigencias. Su presencia ha cambiado la actitud de la plantilla, aunque tampoco era muy difícil superar el trabajo de Garitano. Había que templar gaitas y no encender las hogueras. Y ahí sí que le aplaudo.