De nieves y otras cosas

Del rico refranero español, el dicho “año de nieves, año de bienes”

Del rico refranero español, el dicho “año de nieves, año de bienes” vale para la predicción de los agricultores y otras gentes dedicadas al campo, pero para la mayoría de los mortales que se desplazan por las autovías españolas, el asfalto acolchado con los blancos copos caídos aventura negros presagios, agravados por la gestión de los departamentos ministeriales de Rajoy, a quien, por cierto, estos días le caen todo tipo de críticas, no solo por el gobierno de la crisis, sino también por los  reproches realizados por el mismo en el pasado a la gestión política de otros. Para nuestro presidente, es oportuna la cita quevediana “la soberbia nunca baja de donde sube, pero cae de donde subió”.
Según el gobierno, en su jerga rajoniana, ya sabemos que la culpa del caos circulatorio en la AP-6 es porque la gente es como es, por Navidad viaja en coche a sus lugares de origen a pasar unos días con sus familiares, regresan todos juntos para volver al trabajo, la universidad y el cole, nieva y después pasa lo que pasa. Después de que Rajoy nos deseara en esta fechas un feliz 2016, poco más o menos así de bien se expresaba el chistoso director general de Tráfico, que de su ramo de competencia poco sabrá, pero sí mucho de chanzas facilonas.
Pero entre broma y broma, la verdad asoma. Hay otras causas diferentes a la simple imprudencia de los conductores. La austeridad presupuestaria asoma su patita en estas situaciones, mostrándose mediante la reducción de inversiones públicas en infraestructuras, la falta de mantenimiento viario o la reducción de efectivos y medios técnicos, responsables últimos de la ausencia de una planificación correcta para actuar en los días del masivo retorno navideño, cuando ya estaban suficientemente previstas las condiciones meteorológicas adversas en que se iba producir. En épocas distintas a las navideñas, por supuesto con menos tráfico, yo mismo sufrí retrasos de varias horas en ese mismo tramo de autopista por una nevada copiosa, por lo que aventuro que no deben ser raras las condiciones extremas en esa vía.
Por último, me importa más bien poco que los ministros estuvieran en sus lugares de origen en esas fechas, exceptuando el director general de Tráfico, que debería estar al pie del cañón, como es su obligación en esos días. Me preocupa más que no se haya planificado adecuadamente la operación retorno en las condiciones extremas previstas y la desfachatez para cargar con la culpa a los automovilistas. A ver si el pecado es haber elegido en los últimos comicios a unos inconscientes desvergonzados.