• Sábado, 18 de Noviembre de 2017

La camiseta republicana

Sa ciudadanía ha llegado a un punto de saturación tan extremo

Sa ciudadanía ha llegado a un punto de saturación tan extremo con la cuestión catalana, que aprovecha cualquier otra cosa, cualquier otra noticia, para huir y desintoxicarse un poco. Claro que para huir y desintoxicarse de un asunto tan traumático, tan endiablado y tan doloroso, a lo que procura agarrarse la gente no es a otros asuntos de similar transcendencia y gravedad, que los hay a manta, sino a los irrelevantes, a aquellos que pueden facilitar la evasión. Sin ir más lejos: la camiseta republicana.
Ducha de súbito en los arcanos del cromatismo textil, la ciudadanía ha dado, por esa necesidad de evasión, en inventarse un debate inocuo, el de si la franja vertical de la nueva camiseta de la selección de fútbol contiene los colores de la bandera de la República, esto es, de la bandera de España hasta que un golpe de Estado fascista, la guerra subsiguiente y la derrota del régimen legítimo acabaron con ella. Mas como quiera que en nuestro país nada es enteramente inocuo, y que todas esas calamidades que abolieron la bandera tricolor no acabaron del todo con ella, sino que la convirtieron en un emblema casi sebastianista del progreso y de la libertad, la polémica ha adquirido unas proporciones, si se me permite el retruécano, desproporcionadas.
La camiseta de marras es fea de narices, como, por lo demás, lo vienen siendo las de los equipos de fútbol desde que las llenan de diseños majaderos, pero el debate, por llamarlo de algún modo, no se centra en si es fea o bonita, sino en si Piqué y compañía van a lucir en sus pechos la enseña de la II República, o, por el contrario, si el morado de la franja no es morado, sino, sin más, un azul raro entreverado de rojo que lo parece. A algunos, de daltonismo particularmente carca, se lo parece tanto, o sea, que la raya es morada, que han lanzado una campaña para la sustitución de esa camiseta por otra más “nacional”, y de momento han conseguido que se suspenda el acto de presentación de la para ellos inquietante prenda.
Ganas de huir y desintoxicarse un poco de la cuestión catalana, necesidad incluso, hay, pero cuidado al elegir la modalidad de evasión: la carcundia ve tres rayas en una camiseta y le parece estar viendo al mismísimo diablo.