• Lunes, 11 de Diciembre de 2017

Basta de vacilar a la gente

Carles Puigdemont y los suyos podrán seguir algún tiempo con sus trapacerías

Carles Puigdemont y los suyos podrán seguir algún tiempo con sus trapacerías, con sus puerilidades, con sus ardides, con sus trucos, con sus delirios eslovenos, con sus chantajes, con sus provocaciones y con sus burlas, pero merced al mecanismo constitucional que el Gobierno ha tenido a bien activar finalmente, los ciudadanos españoles, y particularmente de entre ellos los catalanes, no tendrán que seguir pagando el insoportable precio de su aventurerismo irresponsable.
Podrán Puigdemont y los suyos seguir durante algún tiempo, poco tiempo ya, sepultando las instituciones catalanas en el albañal de trampas y mendacidades en el que hozan, traicionando a la sociedad, al Estado de derecho y a la democracia, y traicionándose entre ellos y a sus inocentes seguidores, y podrán seguir, durante algunos días más, vacilando a la gente con sus invitaciones al “diálogo” a punta de pistola escisionista, declarando un poquito la independencia o estampando sus firmas en la rebotica del Parlament sobre una especie de libro de visitas, pero gracias a que el Gobierno ha principiado a actuar con verdadera proporcionalidad y con inteligencia, devolviéndoles la última majadería con la tarjeta del 155, los ciudadanos ven ya el momento de sacudirse el estupor y la angustia que en sus vidas ha venido provocando ese ridículo y triste caos pequeñoburgués de los puigdemones.
Eso de estar gobernados por una cuerda de conspiradores de opereta, pero fuera de la ley, y de saberse estabulados por su tiranía institucional, y emplazados a entregarles el diezmo, y sometidos a una policía sectaria, y asistir a la fuga de la empresas que contribuyen a crear riqueza y empleo, eso, todo eso y más, tenía en un sinvivir a los ciudadanos catalanes, incluidos los independentistas por ciudadanos y por catalanes precisamente. Con la última patochada sincrética de ese señor disfrazado de sacristán antiguo, hasta el Gobierno de Mariano Rajoy, tan sordo de suyo, ha tenido que oír el basta ya, el basta de tanto vacile y de tanto aguantar y sufrir a esa patulea de vampiros de la política y del Presupuesto.