• Miércoles, 17 de Enero de 2018

El futuro virtual

Quedará muy bien en las bodas, porque habrá tres posibilidades.

Quedará muy bien en las bodas, porque habrá tres posibilidades. La primera es que en el altar haya una pantalla de plasma, donde se aparecerá el sacerdote, que bendecirá la unión desde el lugar en que se encuentre, a cien o a 10.000 kilómetros de distancia.
La segunda, es que quienes aparezcan en la pantalla de plasma sean los novios, mientras el sacerdote se encuentra en la capilla de manera personal.
Y la tercera, la más surrealista, es que los invitados acudan al templo, y en la pantalla aparezcan el oficiante y los novios, pero cada uno en un lugar distinto.
Desde luego, cabe la posibilidad de que sean los invitados los que aparezcan en la pantalla del altar en una iglesia vacía, pero excúsenme, porque no poseo la potente imaginación del prófugo Puigdemont.
Las procesiones y desfiles podrán llevarse a cabo en lugares lejanos de la ciudad, mientras el centro se llena de pantallas, con lo que es posible que perdamos un cierto sentido de la realidad, pero no habrá cortes de tráfico. Incluyo el Día del Oergullo Gay, cuyos fastos podrían tener lugar en la Casa de Campo, mientras en Madrid lo contemplamos en una pantalla, colocada en la Puerta de Alcalá.
Los jueces, tan renuentes a las declaraciones telemáticas, tendrán que someterse a esta nueva imposición catalana, y no habrá testigo, imputado, reo, abogado de la acusación o de la defensa, que no pueda declarar o intervenir desde su casa o desde su despacho.
Comenzando por los exámenes orales y llegando a las operaciones de apendicitis, entre la imagen virtual y la robótica no creo que haya impedimento para que uno apruebe Derecho Romano, o extirpe la inflamación del apéndice, desde su domicilio.
Ya algunas parejas de ejecutivos, de esas que viajan mucho, se ven más a través del móvil y del ordenador que físicamente. Y la fertilización puede llevarse a cabo, sin que medie placer alguno. Esto último, el placer, puede que sea lo único que requiera el requisito presencial, el matiz residual que nos recuerde nuestro origen primitivo. El resto, o sea, casi todo, va a ser virtual. Y lo tendremos que agradecer a ese gran pionero llamado El Prófugo, cuya estatua en Bruselas ya están estudiando.