• Sábado, 03 de Diciembre de 2016

María Moliner nos lo define como actitud decidida y apasionada con que se acomete

María Moliner nos lo define como actitud decidida y apasionada con que se acomete una empresa o se arrastra una dificultad. Creo yo que si algo definía a Rita Barberá era su espíritu de superación y lucha. Sabiendo lo que quería y usando los medios legales para lograrlo. Hoy, como sin querer y en las antípodas de su conducta moral, me recuerda el personaje de Bertolt Brecht “Madre coraje” recorriendo con el carromato de su voluntad los campos ensangrentados de una Europa en guerra.
Viene todo esto a cuento por la nueva ley del sistema educativo que se proyecta con vocación de estabilidad por PP, PSOE y C’s. Cual si los votos pudieran decidir el acierto sobre problemas tan acuciante tras ocho modelos ideológicos padecidos por nuestra democracia con calificaciones de “no apto”. Ojalá estos políticos alcanzasen objetivos rentables para las nuevas generaciones.
Porque el factor humano –catedrático, profesores, maestros educadores y alumnos– será fundamentalísimo para quienes acudan a la cita. Lo demás es monotonía de lluvia tras los cristales. La filosofía educativa no puede consistir en igualarnos a todos por el mismo rasero. Aprobado general y con eso cualquier aspereza queda subsanada, contento para los educandos y satisfacción para los padres. Cuando lo imprescindible es esfuerzo, constancia y responsabilidad. Sin esos materiales difícilmente potenciaremos la inteligencia para superar las etapas y obstáculos del conocimiento… Hay que enseñar a pensar. Y leer mucho si queremos que el cerebro no se anquilose en una butaca de orejas mientras vemos la televisión. Después el raciocinio nos ayudará a distinguir entre lo primordial y lo anecdótico. Sólo así podremos ser felices o estar en camino para lograrlo. Trabajo, trabajo, trabajo. El maná llovió sobre la fábula bíblica. El paraíso materialista lo anunciaron los rogelios mesiánicos… ¿Inspirará el coraje la nueva ley?