• Miércoles, 07 de Diciembre de 2016

El hombre es una criatura, o debería serlo, en constante aprendizaje.

El hombre es una criatura, o debería serlo, en constante aprendizaje. Conjugar el verbo saber. Buscar todas las informaciones que nos dan conocimiento. Eslóganes para todos los gustos. Conócete a ti mismo. Pienso, luego existo. Iníciate en la sabiduría en el temor a Dios. Si lo material se hace sonrisa ideológica el existencialismo está entrando por la ventana. La habilidad racional juega aquí como plataforma de combustión científica. Las ideas vuelan como pájaros libres y los esclavos rompen las cadenas que persisten en someterlos a su amargo destino.
Estos días ha caído en mis manos un relato que asfixia. Narra las experiencias de un psiquiatra judío en Auschwitz. Seis millones para testimoniar un Holocausto. Que en conjunto –sólo el pavor cruel de verdugos sobre víctimas inocentes– oculta el secreto de todas esas vidas que pudieron ser y no fueron y que deshumaniza de modo involuntario la tragedia. Pues en estas ando yo con “Charlas de café” de Ramón y Cajal, “La incógnita del hombre” de Alexis Carrel, “La historia de la locura” de Casinelli, “Cuerpos y almas” etc. etc. y a la sazón –recomendada por excelente amiga– “El hombre en busca de sentido”, escrito por Viktor Frankl, con edición primitiva original que no vendió cien ejemplares y hoy traducida a treinta idiomas con millones de ventas. Pues además de contarnos su odisea, reconoce que la vida vale la pena. Inasequible al desaliento. Con fe y voluntad se avanza hasta el fin. Aunque haya que criticar las teorías de Freud y Adler que Frankl destrozó humanizando la psiquiatría con armas teóricas (análisis existencial) y prácticas (logoterapia). Capacidad humana que supera las dificultades y descubre fuerzas para continuar la lucha.
La logoterapia –apunta un comentarista–, un método psicoperateútico creado por el propio Frankl, se centra en el sentido de la vida y la pregunta del famoso presidente de EEUU ¿Qué puedo hacer yo por mi vida?