• Jueves, 23 de Noviembre de 2017

Curso nuevo, curso viejo

Pasados estos años de sufrimiento desde que en el 2008 se declaró “la crisis”, ya no hay duda de que su origen está en la ruptura con los valores tradicionalmente de cultura cristiana. 

Pasados estos años de sufrimiento desde que en el 2008 se declaró “la crisis”, ya no hay duda de que su origen está en la ruptura con los valores tradicionalmente de cultura cristiana. 
Desde tal fatídico año, ha pasado y hemos pasado todo lo que ha pasado y pasará, incluso le afectó a la Iglesia institucional que hoy gobierna el Papa Francisco que sucedió a Benedicto XVI y este a San Juan Pablo II; tres Papas muy diferentes. En estos 17 años de cambio, bastantes Obispos no saben, o no quieren, reciclarse (ninguno ha dimitido, que yo sepa, imitando a Benedicto XVI) pastoralmente. 
Hay algunos que aún se creen señores feudales con patente de corso y en posesión de la verdad absoluta, que pintan con frecuencia un panorama tétrico. 
Aunque a veces los entiendo, ya que todos nosotros en general, ¿qué hacemos cuando la realidad nos supera? nos enrocamos; ¿qué hacemos cuando no sabemos adaptarnos? nos volvemos conservadores. 
Aunque algunos desde el conservadurismo defensivo, aprendemos y evolucionamos, aunque sea a otro ritmo. 
Pero otros deciden lo fácil: los demás están equivocados, yo no. Es fácil decir como ocurre con los populismos, inventores de nuevos valores, tan de moda hoy y que son consecuencia del “todo vale”. 
Señores obispos, hablar así es barato, pero lo dicho se diluye como tinta bajo la lluvia y los creyentes y no creyentes acaban dándoles la espalda. 
Por poner un par de ejemplos de su cerrazón. Insisten con la asignatura de religión y la catequesis. El actual modelo catequético tiene unos 35 años, ¿resultado? dicen Vds.: seguimos insistiendo, tenemos razón. 
Otro ejemplo, nuestra Diócesis, que es como la mayoría; no progresa, al revés. Pero lo dicho en discursos se disimula con cambios que solo son de cargos y personas que, la mayoría, no pueden dar más de sí. 
Pero… “seguimos insistiendo, tengo razón”. Pues toca seguir esperando.
Quiero felicitar a Don Ramón Otero por sus 50 años de sacerdote y que sigue trabajando. 
Ambos hemos discrepado en ocasiones, pero mi reconocimiento y respeto. No es fácil estar tantos años al pie del cañón. Un abrazo, Don Ramón.