O amarillismo o educación

está la sociedad dividida entre quienes se quejan del tratamiento sensacionalista que reciben cierto tipo de informaciones morbosas (entiéndase, por ejemplo, el caso del asesinato de la joven Diana Quer) y la cantidad de audiencia que este tipo de sucesos despierta. No es fácil mantener el equilibrio en estos casos y, desde luego, puestos en el lugar de la familia o los amigos de la víctima, lo normal es que la emprendieran a gorrazos con los autores de terminadas informaciones. Sin embargo, aquella España en blanco y negro que convirtió a El Caso en el rotativo más leído ha vuelto. O, a lo peor, nunca se fue. Cíclicamente se repiten este tipo de situaciones en las que el amarillismo chorrea en televisiones, radios y periódicos y, sin embargo, no somos capaces de aprender para evitar volver a caer en los mismos errores. Quien tenga cierta edad se acordará de el esperpento montado en torno al monstruoso crimen de Alcasser. Ahora le toca el turno a Boiro. Los protagonistas son diferentes, pero la lección es la misma. La solución pasaría por que la sociedad no consuma este tipo de información, pero está claro que, para eso, nos quedan décadas de educación. A lo peor siglos. FOTO: flores en el lugar en el que apareció el cuerpo de diana Quer | aec