• Miércoles, 21 de Febrero de 2018

La reciente encuesta del CIS y la primera sesión parlamentaria de control al Gobierno son referentes inmediatos de una actualidad política aún esclava del conflicto catalán.

La reciente encuesta del CIS y la primera sesión parlamentaria de control al Gobierno son referentes inmediatos de una actualidad política aún esclava del conflicto catalán. Se apuntan algunas tendencias de la política nacional para las semanas y meses venideros. De momento, solo tanteos.
Confirma el barómetro oficial que la España de las cuatro esquinas (PP, PSOE, Cs y Podemos) ha venido para quedarse. Con tres partidos constitucionalistas a la greña y un cuarto, el de Iglesias Turrión, con singular insistencia por ubicarse en el gallinero.
Especial seguimiento merece la pugna por la hegemonía en el espacio del centro-derecha. Lucha por el poder pura y dura, no ideológica, como denuncia Pedro Sánchez, líder del PSOE, cuando se refiere a la agresividad del choque, con implicación personal de Rajoy y Rivera, que no pierden ocasión de tirarse a la yugular, a pesar de su hermanamiento ideológico.
La sesión de control en el Congreso también dio pistas sobre los respectivos argumentarios:
Margarita Robles fue la voz de los socialistas al servicio de un principio clásico de la izquierda: la igualdad. De ahí su reproche al Gobierno por no haber hecho nada, a pesar de un compromiso anterior, por reducir las distintas brechas salariales. Horas antes, su secretario general había explicado al grupo que la lucha contra la desigualdad será una de las tres patas de su programa legislativo (las otras dos, recuperación económica y regeneración democrática).
En la rentrée parlamentaria, Ciudadanos arremetió contra el Gobierno por supuesto desvío de fondos públicos hacia la causa independentista. El líder del partido, Albert Rivera, reprochó a Rajoy no haber hecho lo suficiente para impedir que parte de los fondos del FLA hayan acabado financiando el referéndum del 1 de octubre. El presidente lo negó pero aprovechó para devolverle el hachazo. Acusó a Rivera de equivocarse de adversario, por su preeminente hostilidad contra el PP y no contra los verdaderos causantes del conflicto entre la Generalitat y el Estado.
Por su parte, Podemos eligió la corrupción como elemento de crítica al Gobierno. Lo tenía fácil. Solo tuvo que hurgar en la herida del PP, cuyas siglas aparecen asociadas a numerosos casos de corrupción. Sin aportar nada nuevo. De hecho, tuvo que recurrir a la hemeroteca como pedrada política, corriendo el riesgo de que Rajoy también la hubiera utilizado para recordarle que tiene que hacer contorsionismo antes de pronunciar la palabra España, o que en su día elogio la lucidez de ETA por darse cuenta de que a partir de 1978 el poder siguió en las mismas manos.