Opinión Lunes 17 de Noviembre de 2008


RECETAS ESTÉRILES

TOMÁS FERNÁNDEZ

Lleva Anxo Quintana desde tiempo inmemorial dando recetas contra la crisis. Es una pena que no hubiera sido llamado a consulta por el presidente Zapatero, el Refundador (ZPR), antes de viajar a Washington. Porque raro es el día en que el vicepresidente gallego y máximo líder del BNG no tiene alguna idea al respecto.

Como se recordará, allá por el mes de abril Quintana desgranó cuatro líneas de actuación que, curiosamente, coincidían con cuatro de las Consellerías que controla. Es decir, que el fin de la crisis, al menos en Galicia, pasaba por sus manos. Meses después, en plena canícula, presentó un plan, más articulado, que despedía un sospechoso tufillo en aquellas jornadas en que el presidente Touriño andaba deshojando la margarita del posible adelanto electoral.

Entrados ya más en las dificultades económicas, el vicepresidente ha reiterado un día y otro su receta mágica: “Contra la crisis, autogobierno”. Más recientemente ha corregido hasta al mismísimo Refundador, y con el ojo puesto en el control de las Cajas de Ahorros, ha dicho que, de refundar, nada; que lo necesario es “sustituir” el actual modelo económico por otro gestionado por el autogobierno para coordinar -democráticamente, por supuesto- las instituciones a través de políticas propias. La guinda, por el momento, ha sido su propuesta de ese ICO autóctono que tantos celos ha suscitado en el presidente Touriño.

A juicio del vicepresidente y máximo dirigente del BNG, las naciones que han practicado políticas más autónomas son las que ahora están en mejores condiciones para afrontar la crisis. No ha concretado -no es su especialidad- qué naciones sean esas. Pero si mira, por ejemplo, hacia Escocia, donde gobiernan sus amigos del nacionalista/independentista Partido Nacional Escocés (SNP), podrá comprobar cómo los orgullos financieros de aquellas tierras, el Royal Bank (RBS) y el Halifax Bank (HBOS) han tenido que ser rescatados por el Gobierno de Londres a un precio que no podría haber sido pagado por un eventual Estado escocés. Y cómo en un reciente proceso electoral el miedo a una Escocia independiente ha producido una espectacular fuga de votos hacia opciones estatales.

Así las cosas, habrá que concluir que el autogobierno vale para lo que vale, que no es poco. Pero hay operaciones y situaciones que no son abordables desde poderes de segundo o tercer nivel. Y es de lo que Quintana no parece darse cuenta.

 

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