EL EJERCITO INVENCIBLE
Rendirse, jamás, escribe S.N.Z, joven universitaria –indignada por el presente y temiendo lo peor del futuro– que acampó cerca del Obelisco y participó en las jornadas de “reflexión” celebradas recientemente en Madrid.
Después de resumir las propuestas aprobadas en aquella asamblea –que van desde pedir un referendo sobre el modelo de Estado hasta arrojar de las listas a los políticos acusados de corruptos, pasando por la denuncia del concordato, la creación de una banca pública y la implantación de una enseñanza laica– pone el énfasis en lo que podría ser el camino más recto para llegar a un gobierno del pueblo y por el pueblo y es que, dice Sonia, que se debe cambiar el rumbo para que no gobierne el Fondo Monetario Internacional, la OTAN, los mercaderes.
Recuerda que, en contraposición con las protestas del Mayo del 68, estas fueron manifestaciones pacíficas y que de las reuniones y asambleas, sí salió un ideario que va más allá de “encontrar debajo de los adoquines la arena de la playa”.
Por eso el mensaje cala en la sociedad y un elevado tanto por ciento de los españoles ve con simpatía sus propuestas y estaría dispuesto a refrendarlas con su voto.
Por eso Sonia pide sumar fuerzas, unir a los iguales. Los indignados y la izquierda, juntos, doten a estas ideas de una estructura, una plataforma, una senda que lleve todo el esfuerzo hacia un mismo lugar, que no es otro que una democracia real, y ya.
Y es que si analizamos las declaraciones y proclamas de este colectivo (los indignados, que han sumado miles en las plazas de España) encontraremos muchas de las promesas, arengas, de partidos diversos: una enseñanza mejor y pública; el rechazo a la corrupción; la separación de poderes etc., que una gran mayoría suscribe.
Sobre todo la queja generalizada contra esos profesionales de la política interesados solo en su propio beneficio: desde los que confesaron ir a la política para forrarse, hasta los que se han forrado gracias al sacrificio de los demás.
Y es que, reflexiona Sonia, “uno a uno somos soldados derrotados por los poderes fácticos pero, todos unidos, formaríamos un ejército invencible”.
Así pues, manos a la obra.


















