Opinión
Lunes 15
de Marzo de 2010
ESTUDIOS DE MEDICINA
TOMÁS FERNÁNDEZ Parecía conforme el rector coruñés José María Barja cuando a mediados de octubre pasado regresaba de Compostela tras asistir a la reunión en que Xunta y los tres rectores de las Universidades gallegas habían hecho de momento las paces en torno al nombramiento de profesores para la formación clínica de los estudiantes de Medicina.
Pero no. Apenas el rector Barja había cruzado de vuelta el puente de O Pasaxe cuando la institución coruñesa hizo pública su profunda insatisfacción por la tregua alcanzada; esto era: mantener para este curso la convocatoria efectuada por el Rectorado compostelano y resolver más adelante el problema mediante el reparto, entre los tres grandes hospitales universitarios, de las enseñanzas prácticas correspondientes al segundo ciclo de la carrera.
Con la pretendida creación de una nueva Facultad de Medicina como telón de fondo, desde entonces a acá el pulso entre las tres instituciones académicas se ha mantenido abierto. Santiago ha seguido aferrado a su vieja tesis de la Facultad única. Coruña, por su parte, no ha dejado de reiterar el carácter irrenunciable de tales estudios en su campus. Vigo ha aparecido como un tercero escasamente beligerante en la disputa.
Por todo ello, no ha podido resultar más sorprendente el reciente acuerdo en virtud del cual no sólo se ha resuelto el asunto menor -el reparto y de la dependencia del profesorado para las prácticas-, sino que al tiempo se ha dado un primer paso en la polémica mayor: la descentralización también de la docencia teórica.
¿Se ha abierto así la puerta a una nueva Facultad de Medicina, vieja aspiración de A Coruña?
En Compostela el acuerdo ha sido acogido con disgusto, tanto por una cosa como por otra. Hablan de solución a la carta y por la puerta de atrás. El rector Barro, que vive sus últimos meses de mandato, se ha rendido y ha hecho entrega, resignado, de la cuchara.
¿Se irá, mejor, hacia un título compartido, habida cuenta de que los tiempos económicos que corren no están para poner en marcha una Facultad como la de Medicina? Si así fuera, ¿se lograría compaginar descentralización con la imprescindible coordinación académica? Y si no olvidamos el componente localista del tema, ¿se resignará A Coruña -ciudad y Universidad- a no tener Facultad propia?
El tiempo lo dirá. Pero mucho me temo que las paces hechas no signifiquen más que una tregua y que quedan por delante muchas batallas que librar. Y es que las soluciones a medias que, por lo que a la Xunta respecta, huelen además a electoralismo, no suelen ser muy sólidas.
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