• Lunes, 18 de Diciembre de 2017

Instalar un parque eólico marino frente a las costas de Ferrolterra: ¿un proyecto viable?

La eólica marina ha dejado de ser un negocio ajeno para el sector industrial de la comarca de Ferrol. Los operarios de Navantia y Windar ya han realizado millones de soldaduras en las “jackets” que desde hace un par de años modifican el “skyline” de la ría.

Instalar un parque eólico marino frente a las costas de Ferrolterra: ¿un proyecto viable?
Navantia Fene se prepara para entregar el segundo pedido de Iberdrola | d.a.
Navantia Fene se prepara para entregar el segundo pedido de Iberdrola | d.a.

La eólica marina ha dejado de ser un negocio ajeno para el sector industrial de la comarca de Ferrol. Los operarios de Navantia y Windar ya han realizado millones de soldaduras en las “jackets” que desde hace un par de años modifican el “skyline” de la ría.
La próxima semana las instalaciones de la antigua Astano volverán a acoger el segundo acto de entrega de un programa constructivo para Iberdrola, el del East Anglia One. Sin embargo, a pesar de contar con la experiencia, la capacitación y los socios necesarios, todas estas obras tienen su destino en mares y costas lejanas, en las latitudes septentrionales de Europa.
Muchos expertos se preguntan si sería factible instalar estos molinos de viento marinos a unas cuantas millas de, por ejemplo, a Frouxeira, Prior o Bares y qué impacto tendría eso en la economía.

1 ¿Hay experiencia e infraestructura?
Esta es, quizá, la única parte del debate en el que todos los agentes están de acuerdo. Navantia, gracias a la experiencia propia en tareas siderometalúrgicas y a la adquirida a través de su UTE con Windar en la fabricación de “jackets”, se ha posicionado en poco tiempo como un referente mundial en la fabricación de estructuras para eólica marina.
No en vano, en tres años ha participado en algunos de los principales proyectos mundiales impulsados por las mayores multinacionales energéticas, especialmente Iberdrola, para la que habrá construido 71 “jackets” a mediados de 2018 –29 del Wikinger y 42 del East Anglia One–.
El potencial de las instalaciones de Navantia Fene, es considerado como otras de las claves del éxito. Las adaptaciones de los talleres podrían preceder a una transformación mayor como es dotar de mayor altura a la grúa pórtico para poder realizar montajes de futuras “jackets” con mayor tamaño.

2 ¿Cuáles son los principales impedimentos?
Existen varios factores a tener en cuenta. El primero es que se trata de un sector incipiente en comparación, por ejemplo, con la eólica terrestre. Aunque ha crecido de forma exponencial en un corto espacio de tiempo (es la actividad industrial con mayor crecimiento en Europa en las dos últimas décadas), muchos de los actuales proyectos son los primeros que se realizan tras las experiencias piloto.
Otro condicionante es la profundidad del lecho marino. Las soluciones que se han usado mayoritariamente en la eólica “offshore” son las cimentaciones hasta profundidades que alcanzan casi los 50 metros a unos 70 kilómetros de la costa. A la mitad de esa distancia, por ejemplo frente a las costas de Ferrol, la profundidad llega a los 80 o 100 metros.
El recurso eólico es el otro factor a tener en cuenta. Según un estudio del Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE), la costa gallega, sobre todo desde el golfo Ártabro hasta Bares, tiene uno de los mayores potenciales energéticos de Europa, con unos 45 kW/m (kilovatios por metro de frente de ola), llegando a alcanzar los 65 kW/m en invierno. A pesar de ello, las multinacionales han apostado por explotar un valor seguro como es el Mar del Norte, donde la potencia media anual supera los 75 kW/m.


3 ¿Existen soluciones de futuro?
Todos los expertos en el sector coinciden en afirmar en que, por el momento, la inversión en estos parques está siendo conservadora debido al elevado coste que supone generarla. Así, también coinciden en que a medida que aumente la demanda y se invierta más en I+D+i, se alcanzarán fórmulas para generar más energía con menos recursos.
La UTE-Windar Navantia ha podido participar en un proyecto piloto para Siemens –llamado Nissum Bredning–, donde se probarán nuevos transformadores, cables y sistemas de conmutación, así como otras innovaciones relacionadas con los ajustes de las torres y los controladores. La multinacional espera que todo ello aporte a corto plazo un ahorro significativo tanto en los costos de capital como en los costos de operación.
Las investigaciones en el sector también se afanan en solucionar el problema de la profundidad. Navantia y Windar también formaron parte de la construcción del primer parque flotante del mundo para la compañía pública noruega Statoil. El proyecto Hywind pretende eliminar por completo la barrera física de la plataforma continental, situando los aerogeneradores sobre enormes cilindros flotantes conectados por cables submarinos a la subestación de tierra.
De hecho, a pocos metros de las costas gallegas, frente a las costas de Viana do Castelo, la firma Principle Power, participada por EDP (Energías de Portugal) y Repsol ya puso en marcha un proyecto piloto a más de 100 metros de profundidad con este sistema.

4 ¿Qué impacto tendría en la economía de la zona?
Un reciente estudio de dos profesores del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago, Pedro Varela y María del Carmen Sánchez, concluye que en un escenario optimista, con una producción de 500 megawatios, se podrían generar a finales de 2030 unos 2.800 puestos de trabajo, con Ferrol y Vigo como principales polos de creación.
La presencia de Navantia en la comarca podría ser un factor clave en la creación de puestos de trabajo, pero también su alianza con Windar Renovables. Gamesa –con una de sus principales plantas en As Somozas– controla el 32% del capital de la compañía asturiana y su reciente fusión con Siemens podría generar ciertas sinergias muy beneficiosas para el futuro de la comarca.
Sin embargo, el sector de la eólica “offshore” cuenta también con detractores entre los agentes sociales. La mayoría de sindicatos, aunque han dado la bienvenida a la carga de trabajo que conllevan las “jackets”, insisten en que la capacidad para generar empleo es mínima en comparación con la obra naval civil de antaño.
Y es que un proyecto como el del East Anglia One puede alcanzar picos de 800 empleos, lejos de las 3.000 personas que podían participar en las obras de los antiguos petroleros.