La dueña de la pensión La Parra reclama ayuda para Pachara

La dueña de la pensión La Parra reclama ayuda para Pachara
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José Manuel Sayar, el peculiar personaje ferrolano conocido popularmente como Pachara, está atravesando unos momentos delicados de salud que incluso le impiden salir a la calle, en la que hasta hace poco se le podía ver casi todo el día.
Según Pilar Soto, propietaria de la pensión La Parra, en la que  Pachara reside desde hace más de veinte años, estuvo hospitalizado y, tras recibir el alta hace  aproximadamente un mes, ya no volvió a salir de su habitación. En los últimos cuatro días ni siquiera se levantó de la cama.
Desde el Concello de Ferrol se asegura que los Servicios Sociales están haciendo un seguimiento del caso y que ya se le han ofrecido todas al alternativas posibles, desde la adhesión al programa “Xantar na casa”, para el que tenía que instalarse un microondas y una nevera, a lo que la dueña de la pensión se negó, hasta la posibilidad de trasladarlo a otra pensión, a lo que el propio Pachara se opuso. En la actualidad se está gestionando su ingreso en una residencia de mayores.
Los responsables municipales aseguran que, al tratarse de una persona que tiene su propia capacidad de decisión, no se le puede imponer nada.
Por su parte, la dueña de La Parra manifiesta que el problema radica en que, como consecuencia de su precario estado, Pachara ya no puede acudir a la Cocina Económica. En la pensión solo tiene contratada la cama y el lavado de la ropa, servicios por los que abona 150 euros al mes, de una pensión que percibe de alrededor de 360 euros.
A lo largo del último mes, Pilar Soto le ha proporcionado el desayuno, la comida y la cena, pero asegura que no puede seguir atendiéndolo porque le supone gasto y tiempo.
La mujer asegura que hay un problema añadido, ya que Pachara tiene que tomar varios medicamentos y ella se está encargando de que los ingiera.
Un joven que reside en la misma pensión asumía hasta hace poco el cometido de bañarlo y de ponerle el equipo de oxígeno que necesita, pero, debido a su conocido carácter “poco afable”, se cansó y dejó de hacerlo.
Ante esta complicada situación, la dueña de la pensión dice haberse visto obligada a recurrir a las diferentes instituciones para que se hagan cargo o, al menos, echen una mano, sirviéndole la comida de la Cocina Económica.
Con este objetivo, manifiesta haber trasladado el asunto al Concello de Ferrol, a Servicios Sociales, a la Xunta de Galicia, al juzgado de guardia y a la Fiscalía, sin resultado positivo. En este sentido, explica que personal de Servicios Sociales acudió una única vez a visitar al enfermo. “Pretendían ponerle  un microondas y una nevera para que él calentara y conservara la comidad de toda la semana, pero yo me negué, porque la habitación no está preparada para esos electrodomésticos”, indicó la mujer, añadiendo que en una de sus múltiples consultas le señalaron que había una plaza reservada para Pachara en una residencia, cuestión de la que, según dijo, en las oficinas de Dependencia de la Xunta no tienen constancia.
Pachara en realidad es Pacharita, como lo llamaba todo el mundo cuando aún vivía su padre, el Pachara auténtico, un hombre menudo y de mal carácter que vendía periódicos por la calle a voz en grito. Al fallecer su progenitor heredó el nombre sin diminutivo y el oficio. Hasta que perdió vitalidad –últimanente se pasaba la mañana entera sentado en la puerta de una oficina bancaria de la plaza de Armas– fue un hombre bastante polémico, que gustaba de insultar e incomodar a los viandantes –tuvo que correr en muchas ocasiones delante de indigentes que pasan el día en Armas– y a los conductores, a los que no permitía aparcar en sitios inadecuados. En alguna ocasión incluso logró hacerse, no se sabe cómo, con un talonario de multas de la Policía Local y puso sanciones a diestro y siniestro.

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