• Viernes, 15 de Diciembre de 2017

La historia de 4.000 años sale a la luz por un trozo de barro

Un trozo del suelo que pisamos es una hoja que espera ser descubierta, leída e interpretada. Esta es una afirmación que se ha convertido en literal de la mano  .

La historia de 4.000 años sale a la luz por un trozo de barro

Un trozo del suelo que pisamos es una hoja que espera ser descubierta, leída e interpretada. Esta es una afirmación que se ha convertido en literal de la mano de la edafología y, más concretamente, del estudio de las turberas, ecosistemas húmedos con una capa de suelo orgánico saturado en agua y “constituida por material vegetal muerto y en descomposición” (denominado turba y del que toma el nombre).

Estos ecosistemas “regulan el clima, la hidroloxía y la química de suelos y aguas en sus lagunas”, además de que “son importantes reservas de biodiversidad y actuaron como sumideros naturales de carbonos durante milenios”. 

Así lo explica Noemí Silva Sánchez al referirse a la tesis que acaba de defender sobre “La reconstrucción de ambientes holocenos a partir de turberas: combinando geoquímica y palinología”.

Las turberas son el medio idóneo para comprender la combinación entre geoquímica y palinología “por ser los mejores archivos para la reconstrucción paleoambiental”. Y en este sentido Galicia es la comunidad autónoma del estado español que mayor superficie y diversidad tiene de este tipo de hábitats.

Sobre cómo un trozo de suelo llega a convertirse en un documento histórico, la explicación hay que encontrarla en las propiedades físicoquímicas y en el modo de producción y acumulación de turba, en cuya superficie pueden depositarse partículas atmosférica de polvo, contaminantes o polen, “quedando inmovilizadas y enterrándose progresivamente la medida que la turba se va acumulando en capas”. Y de este modo es cómo se “construye un registro de los cambios ambientales del pasado”.

Conocer la evolución de los ecosistemas a escalas temporales lo suficientemente largas ofrece una información de gran utilidad a la hora de entender los ecosistemas en el presente y predecir su evolución en el futuro, añade la doctora Silva Sánchez al justificar la importancia de este tipo de estudios. 

“La investigación paleoambiental está basada en el estudio de indicadores ambientales (‘proxies’) obtenidos en archivos temporales para reconstruir cómo el medio ambiente cambió a lo largo del tiempo”, aclara.

Bajo la dirección del catedrático Antonio Martínez Cortizas la tesis de Noemí Silva aplicó estudios geoquímicos a las muestras de turba con el fin de reconstruir el clima.