• Martes, 17 de Octubre de 2017

Demuestran que “sí está hecha la miel para la boca del asno”

Existe un refrán popular que el tiempo se encargó de desmontar, porque es sabido que si hay algo que aprecian los burros es el cariño, y la dulzura de estos animales, casi empalagosa, sólo es equivalente a sus pasiones culinarias.

Demuestran que “sí está hecha la miel para la boca del asno”
Burros silvestres paseando por el sur de California | IVÁN MEJÍA (EFE)
Burros silvestres paseando por el sur de California | IVÁN MEJÍA (EFE)

Existe un refrán popular que el tiempo se encargó de desmontar, porque es sabido que si hay algo que aprecian los burros es el cariño, y la dulzura de estos animales, casi empalagosa, sólo es equivalente a sus pasiones culinarias.

“Les encanta el azúcar, la miel y los bombones”, explica Pascual Rovira, el “asnólogo” más famoso de España, con casi tres décadas de “militancia borriquera” a sus espaldas, de dedicación absoluta al “más noble animal con el que ha convivido el ser humano y uno de los más agradecidos”, afirmó Rovira recientemente.

El refrán “No está hecha la miel para la boca del asno” incide en una mala fama “injustificada e injusta” contra la que lucha este cordobés de Rute, quien llegó a solicitar a los académicos de la lengua que cambiaran la definición que aparece en el diccionario.

“Cómo se puede llamar burro a una persona inculta cuando este animal es inteligente, filósofo, ingeniero, farmacéutico, terapeuta y melómano”, se pregunta Pascual, quien en la finca donde cuida de cerca de un centenar de burros organiza conciertos “para satisfacer sus gustos musicales”.

Vinicio Capossela, Josephine Foster, Lorena Álvarez, El Koala, Medina Azahara, las Ketchup, Molotov, Paco Moltalvo o los impulsores del proyecto Puro Silvio tocaron acústicos al aire libre para los asnos de Pascual, y él mismo pone a prueba ante ellos su talento con diferentes instrumentos como la guitarra, el charango, el ronroco, el maulincho o la quena.

Rovira lleva 28 años dedicado al digno oficio de valedor de una especie al borde de la extinción, a la que la mecanización del campo sumió en el olvido casi absoluto y a la que la crisis económica a punto estuvo de propinarle el golpe de gracia; desde 2008, se disparó la lista de abandonos y en seis años los centros de acogida recogieron unos 140.000 burros en sus instalaciones.

“Llegaron hace 2.700 años a la Península en pateras introducidos por los fenicios, después los romanos los cruzaron con caballos para obtener mulos para el trabajo”, recuerda el famoso “asnólogo”.