• Viernes, 24 de Noviembre de 2017

Crean un “oído” gigante que rastrea las señales del universo

En el corazón de Italia hay un sensor gigante capaz de “oír” las señales que llegan de los confines inconmensurables del universo: es el proyecto Virgo, que busca ondas gravitacionales para desvelar los fascinantes secretos del cosmos.

Crean un “oído” gigante que rastrea las señales del universo

En el corazón de Italia hay un sensor gigante capaz de “oír” las señales que llegan de los confines inconmensurables del universo: es el proyecto Virgo, que busca ondas gravitacionales para desvelar los fascinantes secretos del cosmos.

El experimento está en una amplia explanada entre las colinas de la Toscana, cerca del municipio de Cascina (centro), y su misión es detectar las ondas gravitacionales predichas por Albert Einstein en su capital “Teoría de la Relatividad General” (1915).

Se trata de una especie de olas que surgen de eventos como el choque de objetos extraordinariamente masivos como dos agujeros negros: estos giran hasta colisionar, provocando la emisión de ondas que se propagan como una piedra lanzada al agua, pero esta vez por el espacio-tiempo, encogiéndolo y alargándolo.

La teoría, discutida por muchos, estaba asentada pero faltaba una prueba, que ha tardado nada más y nada menos que un siglo en llegar.

Y requirió la construcción de tres grandes, costosos y sofisticados sensores: dos en Estados Unidos, conocidos como LIGO, y otro en Italia denominado Virgo, del consorcio franco-italiano Observatorio Europeo Gravitatorio, en el que también colaboran científicos de España, Holanda, Polonia y Hungría.

Desde el cielo, Virgo tiene forma de L: está conformado por dos galerías perpendiculares de tres kilómetros de longitud que se unen en un edificio, creando un ángulo recto.

Dentro de esa instalación, un potente láser proyecta su haz de luz hacia dos espejos situados en el fondo de dos tubos que recorren el interior de las galerías, sometidos al vacío para que la trayectoria y precisión del rayo sea imperturbable.

En el edificio, además del láser, fue instalado un preciso juego de prismas y espejos para dirigir el rayo, suspendidos a su vez con una serie de péndulos para evitar el “ruido”. Es decir, cualquier fenómeno que pueda alterar el suelo y el sensor, de una sensibilidad tan increíble que puede detectar un seísmo en Japón, explica la experta española Julia Casanueva.

Así cuando una onda atraviesa la Tierra deforma su espacio produciendo una variación menor a un núcleo atómico, imperceptible al ojo humano. Pero para eso está Virgo, que registra cómo sus espejos se mueven, cambiando el rayo de luz.

Las ondas gravitacionales son un hecho. Fueron detectadas por primera vez en septiembre de 2015 por LIGO y su hallazgo fue considerado el inicio de una nueva era para la astrofísica, por lo que fue premiado con el Nobel de Física y el Princesa de Asturias.